Por Carlos A. Mendoza, CABI
La violencia nos ha arrebatado a Marco Antonio Sánchez García, un joven talentoso, considerado como una de las promesas de las nuevas generaciones de economistas guatemaltecos. Marco fue analista del IDIES-URL y, al momento de su asesinato, se desempeñaba como consultor del equipo que elabora el Informe de Desarrollo Humano del PNUD.
El diario elPeriódico (24 septiembre 2006, pp. 16-17) le hizo una entrevista muy interesante que refleja la calidad humana de Marco y sus capacidades intelectuales. Su sueño era salir a estudiar al extranjero y regresar al país para dedicarse a la docencia y a servir en el sector público. Deseaba aportar su talento en instituciones como SEGEPLAN y el INE para poder incidir positivamente en la vida de otros guatemaltecos.
Cuando la periodista Mirja Valdés le preguntó sobre su propio perfil estadístico, Marco se definió como “parte de ese 0.39 por ciento de guatemaltecos entre los 18 y 24 años que ha concluido una carrera universitaria. Soy uno de cada tres guatemaltecos entre los 18 y 24 años que trabajan en el sector formal y que le pagan por pensar. De cada 100 guatemaltecos, 54 son más jóvenes que yo”. De esta manera mostraba su amor por las estadísticas y su interés por conocer a fondo la realidad nacional.
La tragedia es que ahora Marco pasó a formar parte de las estadísticas más dolorosas del país. Según el INE, en el año 2004 hubo 3,428 homicidios en todo el país. El 85 por ciento de los mismos fueron consecuencia de ataques con arma de fuego. En el 91 por ciento de estos últimos casos las víctimas fueron hombres. De estos hombres, el 69 por ciento tenían entre 18 y 39 años de edad. Así que la explicación estadística de la muerte de Marco es que se encontraba en el rango de edad con mayores probabilidades de ser víctima de la violencia homicida. Además, residía en el municipio de Guatemala, donde ocurre el 40 por ciento de los homicidios por arma de fuego de todo el país.
La explicación política ya es conocida: el Estado ha sido sobrepasado por el crimen organizado. Es incapaz de proveer seguridad y justicia para todos los ciudadanos. La causa sociológica es más difícil de asimilar porque nos involucra a todos. Nuestro silencio, nuestra indolencia, nos hacen cómplices por omisión con estas muertes. Los “buenos”, aunque somos más numerosos, hemos sido incapaces de superar el problema de acción colectiva para organizarnos en contra de los “malos”. Si seguimos así, estos últimos acabaran con todos.
Yo no tuve el honor de conocer personalmente a Marco Sánchez. Pero el testimonio de los que sí tuvieron esa dicha me hace pensar que la sociedad guatemalteca ha perdido a un gran hombre, a una mente privilegiada, a alguien que hacía la diferencia. Mis condolencias a su familia, al PNUD, y a la comunidad académica de Guatemala.



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