Por Carlos A. Mendoza, CABI
Como se sabe, los dinosaurios surgieron hace aproximadamente 230 millones de años y dominaron el ecosistema terrestre durante 160 millones de años, es decir, durante toda la Era Mesozoica. La mayoría de ellos se extinguieron repentinamente, pero se ignora la causa. Simplemente hay hipótesis al respecto: la colisión de un asteroide con la Tierra o bruscos cambios climáticos.
Hace 65 millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios, aún no había humanos, pero seguramente nadie se habría imaginado que tan extraordinarios seres desaparecerían totalmente del planeta, dando paso a los mamíferos, quienes ocuparon sus nichos ecológicos y se esparcieron rápidamente por los continentes. El género Homo apareció hace unos 2 millones de años, y nuestra especie, el Homo sapiens, apenas hace unos 200 o 100 mil años atrás.
A la aparición del Homo sapiens le precede un lento y largo proceso evolutivo. En el caso de la extinción de los dinosaurios nos encontramos con un repentino cambio en el medio ambiente, al cual no les dio tiempo de adaptarse. En el terreno de las ideas también hay cambios rápidos y otros graduales. Me interesa explorar la relativa rápida transformación de los modelos mentales compartidos por la elite, porque de su comprensión depende nuestra capacidad de adaptación para enfrentar exitosamente los cambios que hoy ponen en riesgo nuestra economía, por ejemplo.
El sistema financiero guatemalteco ha sido fuertemente golpeado en los últimos años y nuevas amenazas se vislumbran en el futuro. Sin embargo, la elite financiera del país no ha cambiado su matriz institucional, es decir, las reglas del juego que delimitan su accionar, debido a que sus modelos mentales compartidos han permanecido intactos. La actual generación de banqueros entiende los problemas que enfrenta de la misma manera que sus antepasados, y piensa que se resuelven de la misma forma en que ellos lo hacían. Por ejemplo, siguen apostando al modelo corporativista de la Junta Monetaria, que viene de mediados del siglo pasado. Creen que sus intereses están mejor protegidos si ellos participan directamente en la toma de decisiones sobre las políticas monetarias, cambiarias y crediticias del país.
Muchos piensan que para que ocurra un cambio en los modelos mentales y en el arreglo institucional es necesario que aparezca un agente creativo, un empresario de la política que impulse el cambio. Otros creen que es necesario un shock externo que sacuda las bases del actual modelo y obligue a la elite a replanteárselo. Siguiendo a Legro (2000), yo planteo que el cambio institucional pasa por lo cognitivo. Primero, las elites deben entender que el modelo actual ya colapsó. Segundo, deben convencerse de que existe una alternativa viable. Ambos procesos son endógenos porque están determinados, a su vez, por las “ideas colectivas” que actualmente la elite, en este caso la financiera, sostiene.
Las ideas colectivas, o modelos mentales compartidos, son conceptos o creencias asumidas por un grupo. No son ideas individuales simplemente agregadas. Tienen una existencia supraindividual y generalmente se reflejan en símbolos, discursos e instituciones. En la próxima entrega examinaremos cómo es que cambian o por qué tienden a la continuidad.







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