Por Carlos A. Mendoza, CABI
Dando seguimiento al post de Paulo sobre la posible regulación de los mercados en donde se presumen “burbujas”, estas son algunas conexiones rápidas que hicieron mis neuronas:
Paulo invita a neokeynesianos y libertarios a debatir sobre la (in)conveniencia de utilizar, por ejemplo, tasas de interés para intervenir ciertos mercados que parecieran mostrar síntomas de “efervescencia”, la cual puede ser muy perjudicial para la economía en su conjunto. Ganar el debate no depende necesariamente de la buena argumentación de cada bando. La victoria ideológica no está en función de la validez, comprobada empíricamente, de sus aseveraciones. Entonces, ¿Cómo deciden los tomadores de decisiones a quién escuchar y seguir? Algo nos pueden orientar los teóricos del pensamiento colectivo. [1]
Se define como comunidad epistémica a la red de profesionales con reconocida experiencia, especialización y competencia en un dominio particular, y con la capacidad de ejercer cierta autoridad en determinadas políticas, basada en el conocimiento relevante que poseen sobre dicho dominio. Estas redes profesionales son comunidades porque comparten un conjunto de normas y valores, creencias sobre causalidad y nociones de validez, que les cohesionan a la hora de enfrentar cualquier desafío de política.
En el tema que nos concierne, pienso que los tecnócratas del Banco de Guatemala podrían considerarse como una comunidad epistémica con acceso privilegiado a los tomadores de decisiones. En los EEUU, por ejemplo, la Escuela de Chicago definitivamente concuerda con la definición. El core de la Marroquín también es una comunidad epistémica, pero no creo que tengan mucho que decir en este tema, pues el solo hecho de hablar de “burbujas” implica aceptar la existencia de imperfecciones en los mercados, y eso sería renunciar a creencias como la autorregulación de los mismos.
Las comunidades epistémicas son las que tienen mayores probabilidades de influenciar la política doméstica (o internacional) durante períodos de crisis, en los que los tomadores de decisiones enfrentan incertidumbre, pues éstos buscan a los expertos que están “armados con las soluciones de política” que ellos necesitan.
En nuestro contexto, pienso en la Junta Monetaria en medio de la incertidumbre provocada por la actual crisis financiera y la recesión en los EEUU, y el incremento en el precio de los commodities. ¿A qué comunidad de expertos acudirá? ¿Existe realmente algún consenso sobre el diagnóstico del problema y sobre la batería de herramientas disponibles para enfrentarlo? Paulo ha planteado dudas importantes al respecto.
Frente a la incertidumbre, el papel de las ideas es más importante que nunca. La selección de las mismas es un proceso de aprendizaje colectivo, en el cual no sólo se adquiere nueva información, sino que también se aceptan nuevas formas de establecer vínculos entre causas y efectos, entre medios y fines. Dicho proceso es político y, al final, conducirá al cambio.
El proceso mismo de innovación de políticas, su difusión, selección y persistencia (institucionalización), puede conducir incluso al cambio de intereses. Estamos hablando, entonces, de una evolución cognitiva mediada por la interpretación colectiva. Al fin de cuentas, debemos aceptar que poseemos formas colectivas de entender el mundo físico y social que nos rodea, y que las ideologías no son otra cosa que modelos mentales compartidos, formas intersubjetivas de entender esa realidad.
[1] Las ideas y conceptos que resumo son de académicos que trabajan relaciones internacionales, como Emmanuel Adler y Peter Haas. Recomiendo leer el Vol. 46, No. 1 del Journal of International Organization (Winter, 1992), titulado “Knowledge, Power and International Policy Coordination”.









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