Por Rosa Tock, Autora Invitada
Si las elecciones fueran hoy, el demócrata Barack Obama, primer aspirante afroamericano a la primera magistratura de los Estados Unidos, posiblemente ganaría las elecciones contra su contrincante John McCain.
De acuerdo a las últimas encuestas, Obama no sólo ganaría en los estados donde el voto duro es tradicionalmente demócrata, sino que en aquellos donde George W. Bush ganó hace cuatro años, y que hasta hace poco eran considerados muy competitivos, como Colorado, Florida, Iowa, Missouri, Nevada, Nuevo México, Carolina del Norte y Ohio. Incluso, indicadores de mercados a futuro como el Rasmussen Markets, predice que Obama tiene mayores probabilidades de ganar que McCain (82.3% vs. 18.2%).
A pesar de las tendencias, algunos hemos sido cautelosos en especular y proclamar a un seguro ganador en estas históricas elecciones; sobre todo cuando el efecto Sarah Palin y las campañas negativas del partido republicano cuestionando la experiencia del senador de Illinois, estaban dando buen resultado. Además hay que recordar el llamado efecto Bradley, el cual es una discrepancia entre la opinión de los encuestados y el verdadero resultado electoral. En los años ochenta, durante las elecciones para gobernador de California, todas las encuestas daban como seguro ganador al ex alcalde afroamericano, Tom Bradley. A la hora del voto, su contrincante blanco ganó la gubernatura.
Sin embargo, hay varios factores contra la fórmula maverickiana en estos momentos: a) el colapso financiero y la incertidumbre económica que los electores relacionan con ocho años de administración republicana; b) el tono cada vez más negativo e incluso racista contra Obama, y c) el desvanecimiento de la estrella de Palin quien no consigue convencer a los indecisos. Como se dijo en una columna anterior, una investigación independiente en Alaska determinó que la gobernadora abusó de su poder para presionar al comisionado de transporte y despedir a su ex-cuñado.
Este y otros aspectos han provocado que otros conservadores de primer orden como Christopher Buckley, hijo del ícono del conservadurismo americano, William F. Buckley –fundador de la revista National Review- cuestionen a la dupla republicana o abiertamente se pasen del lado de Obama, como en el caso de Buckley. Insólito.
Además, el segundo debate presidencial la semana pasada, según varios sondeos, dio la victoria al senador Obama. Tampoco hay que olvidar que la estrategia de campaña de Obama, la cual ha obtenido un financiamiento multimillonario por medio de donaciones individuales en lugar de aceptar financiamiento público, le ha permitido multiplicar sus esfuerzos en todos los estados, pautar anuncios televisivos y movilizarse a estados donde los demócratas daban siempre por perdidos, como Indiana. Uno de los mayores éxitos de la campaña se debe a la innovación tecnológica por medio del uso de videos en Facebook o YouTube, con lo que la penetración ha sido masiva, dinámica y actualizada.
McCain sigue librando su última batalla, y como buen patriota, seguirá en la lucha hasta que se cuente el último voto en las elecciones a realizarse en tres semanas. Para asegurar un cambio en las tendencias, sobre todo con los indecisos, esta noche McCain tiene que mostrarse contundente y claro en sus propuestas durante el tercer y ultimo debate, esta vez sobre temas económicos y domésticos.



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