por Carlos A. Mendoza, CABI
He seguido con atención el debate guatemalteco sobre el Presupuesto de Ingresos y Egresos del Estado para el año 2009. La mayoría de argumentos a favor, y en contra, son similares a los de años pasados, por ejemplo, lo de la calidad del gasto. Sin embargo, todos debemos reconocer que el próximo año no será un año común y corriente. Así lo determina el contexto económico y financiero internacional. Estados Unidos está prácticamente en recesión y la Eurozona ha sido declarada oficialmente en recesión. Como sabemos, aunque muchos no terminan de aceptarlo, esta crisis global nos afectará directamente vía la reducción en remesas, exportaciones, inversión extranjera, turismo, y acceso al crédito foráneo. Al respecto, tanto el Estado como el sector privado deben tomar medidas adecuadas para enfrentar este tsunami ya anunciado.
El Ministro de Finanzas Públicas, Juan Alberto Fuentes afirma que el “Estado debe responder a las necesidades de un país que tiene que compensar una reducción de la demanda y el consumo del sector privado y, del lado social, proteger a los sectores más vulnerables. Esta posición anti-cíclica es compartida por la mayoría de expertos y gobiernos del mundo […]” (elPeriódico, 11 noviembre 2008). El Banco Mundial, por medio de su economista jefe para Centroamérica, apoyó al Gobierno argumentando que “no es el momento de hacer políticas restrictivas (reducir el gasto público y la liquidez en la economía), sino hacer políticas responsables anti-cíclicas y expansivas” (elPeriódico, 13 noviembre 2008). Por otro lado, hay quienes argumentan que no es el momento adecuado para aumentar el gasto público. Por el contrario, afirman, el Estado tiene que ajustarse el cinturón y dar ejemplo de austeridad. Rechazan tajantemente un aumento del déficit fiscal, ya sea financiado por deuda (interna o externa), o compensado por el aumento de impuestos.
En los Estados Unidos hay un debate similar sobre el papel del Estado en tiempos de recesión. El Premio Nobel de Economía 2008, Paul Krugman, ha argumentado insistentemente que el poder de la política monetaria se ha agotado. Afirma que ya no es suficiente bajar las tasas de interés para reactivar la economía, es necesario recurrir a la política fiscal para lograrlo.
Personalmente, me parece más lógica la teoría neo-Keynesiana, pues si todos dejamos de consumir, invertir, y de concedernos crédito, simplemente aceleraremos la caída en la actividad económica. Hay un evidente problema de acción colectiva, y aquí es donde juega un papel importante el Estado. Sin embargo, estoy de acuerdo con Paulo César De León sobre la necesidad de examinar la evidencia empírica para poder determinar cuál teoría debería guiar nuestra política pública. Así que me tomé el tiempo para buscar algunos ensayos que exploran la relación entre política fiscal y crecimiento económico.
A continuación simplemente resumo algunas de las conclusiones que me parecen más relevantes para iluminar nuestro debate (pueden descargar los ensayos para leerlos y formarse su propio criterio):
Baldacci, E., B. Clements, y S. Gupta. Using Fiscal Policy to Spur Growth. Finance and Development, December, 2003. [Download id not defined]
Estos investigadores del Fondo Monetario Internacional reconocen que la evidencia que contradice el supuesto efecto beneficioso de la expansión fiscal proviene de estudios sobre países industrializados. En economías de la OECD, con altos niveles de deuda pública, la reducción del déficit fiscal es lo que acelera el crecimiento. Entonces, analizan si lo mismo ocurre en países de ingresos bajos. Utilizando una muestra de 39 países donde el FMI ha intervenido en los años 90s, concluyen que una disminución del déficit fiscal de 1 punto porcentual del PIB se traduce en un crecimiento del PIB de un cuarto de punto porcentual. Pero también encontraron que es importante la composición del gasto público: si aumenta el gasto en funcionamiento (salarios), entonces el crecimiento se ve afectado negativamente; pero si lo que aumenta es el gasto en inversión (infraestructura), entonces se mejora la tasa de crecimiento económico. Además, verificaron que la forma en que se financia el déficit fiscal también importa. Es menos dañina la deuda externa que la interna. Concluyeron, sin embargo, que es inapropiado recetar a todos los países el reducir su déficit fiscal bajo cualquier circunstancia. Se deben sopesar las condiciones específicas de cada país.
Easterly, W. and S. Rebelo. Fiscal Policy and Economic Growth. NBER Working Paper Series, No. 4499, October, 1993. [Download id not defined]
Este ensayo, más antiguo, del National Bureau of Economic Research nos provee de un buen resumen de la literatura sobre la relación entre política fiscal, desarrollo y crecimiento. Utilizando data de las décadas de 1970 y 80, concluyen que la inversión pública en transporte y comunicaciones está correlacionada de manera positiva, consistentemente y con un alto coeficiente, con el crecimiento económico, aumentado el retorno social de la inversión privada. La inversión pública está correlacionada negativamente con la inversión privada, pero esto pude ser simplemente por la forma en que se midió la inversión privada (Inversión total – inversión pública). Advierten, sin embargo, que la relación positiva entre inversión pública y crecimiento puede ser el resultado de causalidad inversa, es decir que cuando hay mayor crecimiento es cuando se logra financiar más inversión pública. Otro interesante descubrimiento es que la evidencia sobre el efecto negativo entre la tasa de impuestos y el crecimiento es muy frágil.
Fu, D., L. Taylor, and M. Yücel. Fiscal Policy and Growth. Research Department Working Paper 301. Federal Reserve Bank of Dallas, January, 2003. [Download id not defined]
Los investigadores de la Reserva Federal analizan la política fiscal (1983-2002), tratando de encontrar correlaciones robustas entre el crecimiento en los EE.UU. y los impuestos, el gasto público y el déficit fiscal. Encuentran que un aumento en el tamaño del gobierno federal conduce a una desaceleración del crecimiento. Dicen que aunque esto contradice la teoría Keynesiana, es consistente con lo encontrado por otros investigadores: Engen y Skinner (1992) y Alesina et al. (1999). El déficit fiscal tiene un efecto ambiguo. Depende de su origen: si es el resultado de un recorte de impuestos, entonces se aumenta la tasa de crecimiento del empleo; pero si es porque se aumentó el gasto, entonces se disminuye la tasa de crecimiento del empleo. Es decir que un aumento del déficit fiscal puede ser expansivo o contractivo, y la forma de reducirlo también: expansiva (reducción del gasto) o contractiva (aumento de impuestos).
¿Qué opinan ustedes? Esperamos sus comentarios…
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