por Carlos A. Mendoza, CABI
No es cierto que en Guatemala ocurran 20 homicidios diarios. La data de la Policía Nacional Civil (PNC), desde el 1 de enero 2001 al 30 junio 2011, da cuenta de un total de 54,260 homicidios en esos diez años y medio (es decir, durante 3,833 días), lo cual nos da 14 homicidios diarios. Únicamente en 3, de un total de 126 meses, casi se llegó a los 20 diarios. Esos meses fatídicos fueron agosto y octubre 2008, y agosto 2009. De hecho, agosto 2008 fue el peor mes en términos absolutos y relativos: 616 homicidios, para una tasa de 4.5 por cada 100 mil habitantes.
Yo he insistido a los amigos periodistas que no utilicen la tasa diaria de homicidios porque no nos permite hacer comparaciones en el tiempo ni el espacio. Ciertamente, de un día para otro no varía mucho la población de un territorio, pero sí lo hace cuando se comparan días con años de distancia entre sí. Por ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2004) estimó la población de la República de Guatemala en 11,225,403 de habitantes al 30 de junio del 2000, y proyectó su población en 14,713,763 para el recién pasado 30 de junio del 2011. Es decir que en 11 años la población varió en casi tres y medio millones de personas (un aumento superior al 30 por ciento). Así que comparar una tasa diaria de 9 en enero 2001, con la de 16 en enero 2011, deja por fuera del análisis un importante cambio poblacional, que sí tiene mucho que ver en el nivel de violencia homicida (más gente que recursos disponibles y mayor densidad poblacional, por ejemplo, que aumentaría la probabilidad de interacciones conflictivas con un desenlace fatal). Por otro lado, no tendría sentido decir que en los EE.UU. hubo más de 40 homicidios por día en el 2006 (casi 15 mil homicidios ese año), dado que la población estimada era mayor a los 265 millones de habitantes. Su tasa anual fue de 5.6 homicidios por cada 100 mil habitantes, mientras que la de Guatemala (con 16 homicidios por día) llegó a 45.3 por 100 mil. Lo más apropiado es la tasa ajustada por la población en el período de tiempo analizado. Generalmente se usa la tasa anual de homicidios por cada 100 mil habitantes. Se puede estimar también una tasa mensual, pero eso implica contar con proyecciones de población también mensuales.
Cuando he escrito con tono positivo sobre las últimas reducciones en tasas de homicidios, especialmente la baja del 2010 respecto al 2009, y la tasa del mes pasado (junio 2011), el menos violento en los últimos seis años, algunos lectores opinan que no vale la pena celebrar bajas en la tasa de homicidios porque una mirada de largo plazo indica un deterioro en el indicador, mientras que una sola muerte violenta es suficiente para lamentarnos y criticar al Estado por su incapacidad para protegernos. Ambos argumentos tienen su peso, pero para hacer una evaluación más equilibrada de la situación es necesario comparar con dos posibles escenarios, es decir, situaciones realistas en sentido probabilístico.[i] Primero, en la última década el mes menos violento fue agosto 2001 (tasa mensual de 2.1 por 100 mil hab.), por lo que pedirle al Estado guatemalteco una tasa menor sería poco realista. Segundo, la peor tasa mensual en el mismo período fue la de agosto 2008, ya mencionada (4.5 por 100 mil). Aunque en Guatemala siempre pensamos que podemos estar peor, es poco probable que esa tasa se supere de manera sostenida.
A continuación, la gráfica presenta en rojo las muertes adicionales (más de 19 mil) que se hubieran dado si las tasas mensuales de enero 2001 a junio 2011 hubiesen sido como en el peor escenario (tasa constante de 4.5). Pero eso NO fue así. Si la tasa por día hubiese sido 20 homicidios diarios, como se ha dicho en algunos medios, estaríamos lamentado más de 22 mil muertes adicionales. Tampoco ocurrió eso. Por otro lado, en azul está la tragedia de muertes que sí se han perdido, por arriba del escenario más optimista (tasa constante de 2.1). El deterioro neto de los últimos diez años fue de 20,547 muertes. Casi 9,500 de esas muertes adicionales ocurrieron durante la actual administración de Gobierno.
La evaluación final no depende sólo de que algunos vean el vaso medio lleno y otros lo vean medio vacío. El área roja de la gráfica muestra vidas concretas que NO se perdieron por la violencia homicida, mientras que la azul representa muertes de personas de carne y hueso. Si se restan, el saldo es negativo de 1,418 muertes debido al deterioro de octubre 2005 a abril 2007 y de mayo 2008 a enero 2010. El ejercicio se puede replicar con otros parámetros, como podría ser +/- una desviación estándar, pero basta para ilustrar que sí importa la variación en la tasa mensual.
Descargar aquí gráfica con tasas mensuales de homicidios, de enero 2001 a junio 2011 (como siempre, cortesía de CABI para nuestros lectores y como un aporte a la sociedad guatemalteca): tasas hom ene01_jun11 (166)
[i] Estoy leyendo un libro titulado “Moral Minds. How nature designed our universal sense of right and wrong.” Autor: Marc D. Hauser (2006). En el tercer capítulo aborda el problema de la violencia y cómo las sociedades tienen ciertas prohibiciones sobre el asesinato, mientras que otras muertes deliberadamente infringidas sí son socialmente aceptadas. El argumento es muy complejo para resumirlo en pocas líneas, pero me hizo recordar las diversas reacciones de los lectores de este BLOG.



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