By Rosendo Hernández Cañas, CABI.
La incertidumbre económica que vive la economía global ha obligado a las autoridades de muchos países, sobre todo los países gestores de las crisis a replantearse paradigmas económicos que anterior a las crisis sistémicas carecían de popularidad y aceptación generalizada, los nuevos acontecimientos en las economías desarrolladas han forzado al cambio de ideas sobre las funciones que deben ser ejercidas, los objetivos y fines que debe perseguir la política monetaria.
Como asevera el Ejecutivo del FMI Pérez Verdía[1], “antes de la crisis se veía a los bancos centrales con un aura de infalibilidad”, anterior a la crisis la tarea de todo banco central era directamente observable: mantener la inflación dentro de un pequeño rango a través del control de las tasas de interés de corto plazo con la creencia que la estabilidad de precios es la mejor contribución que la política monetaria puede hacer a la macroeconomía.
Casi como un corolario existe una separación antes de la crisis entre las funciones de estabilidad financiera y estabilidad monetaria, la política monetaria se encarga de la estabilidad monetaria mientras la supervisión y regulación de la estabilidad financiera, cuando la supervisión y regulación no es una tarea de los bancos centrales. Además de que basta la supervisión y regulación de las instituciones por individual como un todo, prevalece una orientación microprudencial. Otro de los paradigmas es que las tasas de interés de corto plazo son suficientes para capturar el impacto de la política monetaria en la economía. Era impensable y cuestionable que las tasas de interés fuesen llevadas a cero.
Los bancos centrales operaban bajo la doctrina “mantener la propia casa en orden” concordante con la visión microprudencial para alcanzar la estabilidad financiera, asegurar que cada institución (léase país) está bien para que el sistema completo (léase mundo) esté bien. Todo lo que un banco central debe hacer es mantener estabilidad de precios y dejar flotar el tipo de cambio.
Sin embargo, posterior a la crisis muchas certezas se han ido, y se comprueba que la estabilidad de precio no es suficiente[2] para alcanzar la estabilidad macroeconómica y financiera.
En periodo de crisis los bancos centrales han cobrado relevancia y han sido aclamados como los salvadores del sistema financiero global, ejemplo de ello es el Banco Central Europeo (BCE), uno de los actores más importantes de la crisis financiera y la crisis de la deuda soberana en la zona del euro, como también las medidas impulsadas por la FED en la crisis de EEUU. Ambos bancos inyectaron liquidez al sistema, aunque con mecanismos diferentes.
Los cambios en post-crisis se resumen en 3 areas importantes: inflación baja y estable no garantiza estabilidad macroeconómica y financiera, la salida de los escombros de la crisis a través de la política monetaria es costosa y la política de tasas de interés no es suficiente. Otro aspecto es avanzar más en términos de supervisión y regulación e ir de la orientación microprudencial a una orientación macroprudencial[3] en la que los bancos centrales jueguen un rol clave.
En la actualidad se abordan distintos aspectos sobre el rol de la banca central en temas tan relevantes como la lucha contra la inflación de precio de los activos y la regulación macroeconómica prudente, el control sobre la expansión del crédito y la mitigación de la volatilidad del tipo de cambio y la financiación del gobierno.
La crisis sistémica plantea Tres preguntas focalizadas[4]: ¿Es necesaria una nueva ancla monetaria? ¿Sigue siendo válido el régimen de objetivos de inflación? ¿Debe la política monetaria tener como objetivo la estabilidad financiera?
La elección del ancla nominal los gestores de política tienen tres opciones: tipo de cambio, agregado monetario y tasa de inflación. La posibilidad de que los agregados monetarios actúen como ancla depende de la estabilidad de su relación empirica con la variable meta (tasa inflación) y por otro de su relación con los instrumentos de política monetaria (Operaciones de Mercado Abierto). Las economías en desarrollo y en transición que siguen manteniendo un tipo de cambio fijo como ancla nominal de la política monetaria son objeto de una creciente presión ya sea en pro de mecanismos más flexibles o al otro extremo en mecanismos de caja de conversión[5] o de dolarización. En consecuencia desde principios de los 90´s ha ido en incremento el número de países que adopto metas explicita de inflación.
Las metas de inflación ha recibido críticas por parte de Jeffrey Frankel artículo “Nominal GDP Targeting Could Take the Place of Inflation Targeting el desarrollo del mundo en los últimos 5 años ha demostrado las limitaciones del Inflation Targeting como resultado de la volatilidad de los precios del petróleo y de los commodities , una respuestas inapropiada a los choques de oferta, no se prestó atención a la formación de burbuja en los precios de los activos y los términos de intercambio se ven afectados.
Los defensores del Inflation Targeting muestran como evidencia el éxito en el manejo de la crisis de los países que lo implementan reduciendo la vulnerabilidad macroeconómica y una respuesta robusta y creíble a la crisis.
Sin embargo se advierte la diferencia entre países en desarrollo y desarrollados, para los desarrollados constituye un instrumento de coordinación de las expectativas inflacionarias, para los países en desarrollo presenta problemas siguientes: alta inflación que no les permite cumplir con el objetivo[6], el impacto de las variaciones cambiarias a los precios, requisito de no existencia de ningún compromiso con otra ancla nominal.( tipo de cambio), independencia de los bancos centrales más teórica que real , por último los requisitos de información y pronostico de inflación. Aún así constituye IT es ventajoso, obliga a profundizar reformas, aumentar la transparencia y mejorar la orientación fiscal.
La estabilidad financiera y la estabilidad monetaria no pueden lograrse aisladamente, sin estabilidad financiera no se puede lograr estabilidad monetaria, y vice-versa (De Gregorio, 2012).
Pero es necesario entender ¿Cómo afecta la política monetaria el riesgo sistémico y cómo puede la inestabilidad financiera la consecución de las metas monetarias?
Los paradigmas han cambiado, el rol de la banca central parece encaminado hacia una dirección menos convencional como son los antiguos paradigmas y más focalizados a primero sortear la crisis para posteriormente reconfigurar sus labores en pro de evitar nuevas crisis mediantes medidas más prudentes en la formulación de la política monetaria que si bien no logren la estabilidad financiera como objetivo final, contribuya a la misma de manera positiva.
Bibliografía.
Borio, Claudio. 2011. “Central banking post-crisis: What compass for unchartered waters?”. BIS Working Papers. September, no 353.
Pérez Verdía, Carlos. 2012 “Política Monetaria post-Crisis:
¿Qué ha cambiado?”. JE BCG.
Jaime Caruana, discurso. “El papel de los bancos centrales después de la crisis” Acto académico OBCE, 19 de enero de 2011.
Bernanke Ben, Laubach Thomas, Mishkin Frederic y Posen Adam “Hacia un esquema de metas explicitas de inflación”
[1] Director Ejecutivo por Centroamérica, México, España y Venezuela en el. Fondo Monetario Internacional (FMI) – Política Monetaria post-Crisis: ¿Qué ha cambiado? BCG, Junio de 2012
[2] Aunque si necesario, ninguna economía del mundo puede aplicar políticas económicas en un escenario de alta inflación que atentan contra la sostenibilidad de las mismas, la inflación es el peor impuesto para los pobres.
[3] Uso de instrumentos prudenciales con el objetivo explicito de promover la estabilidad del conjunto del sistema financiero y no necesariamente de las instituciones individuales que lo forman.
[4] Carlos Pérez-Verdía- Política Monetaria post-Crisis: ¿Qué ha cambiado?
[5] Respaldar la cantidad de dinero en circulación en términos de una moneda extranjera, por lo general el dólar.
[6] Sobre todo aquellos con episodios de alta inflación.
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