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BURBUJAS ESPECULATIVAS: Pienso Como Animal (parte I)

1 Comment 02 junio 2007

Econ. Mario A. Cuevas, MSc
 

 

Existe amplia literatura económica investigando el tema de las burbujas que resultan del comportamiento racional de los individuos.  Como procesos que se retroalimentan, es perfectamente racional que las personas “apuesten” a que la tendencia continuará por algún tiempo más.  La racionalidad, en este contexto entendido como que las expectativas del público coinciden con la esperanza matemática del proceso estadístico que correctamente describe la historia de la burbuja, puede estar sujeta a pruebas de tipo econométrico que también se encuentran en la literatura económica.
 

En ese sentido, cabe notar que no es fácil rechazar la hipótesis de que muchas burbujas financieras son racionales en el sentido antes descrito, que es consistente con una definición de “racionalidad débil” (es “débil” porque únicamente se exige que la expectativa del público coincida con la esperanza matemática del proceso subyacente, no con momentos superiores de la distribución probabilística del proceso).  Las partes operativas de la definición de racionalidad se refieren: primero a la capacidad de los agentes económicos de identificar correctamente el proceso estadístico subyacente, o sea, un supuesto de orden *epistemológico*; segundo, a su capacidad de utilizar la información siguiendo los axiomas básicos de la racionalidad que, en resumidas cuentas, se asemejan a la aplicación de la lógica clásica (un supuesto *lógico*).
 

Cabe notar que la racionalidad no parte del supuesto de que los agentes económicos están en contacto con una realidad más profunda donde supuestamente prevalecen los “verdaderos” fundamentos del sistema económico.  Este ultimo supuesto, de carácter *ontológico* no es necesario par entender la “racionalidad” como hipótesis de trabajo.
 

Aún cuando el proceso dinámico que alimenta una burbuja puede ser racional, la teoría económica ortodoxa (incluyendo nuevos clásicos y nuevos keynesianos que aceptan la hipótesis de racionalidad como herramienta de trabajo) no tiene instrumentos completamente satisfactorios para explicar el inicio y el fin de un burbuja.  Estamos en una situación en que la racionalidad como hipótesis operativa para la investigación económico-financiera presenta límites claramente identificados.
 

Como el “origen” y el “fin” de una burbuja no son explicados satisfactoriamente partiendo de la hipótesis de racionalidad, es legítimo utilizar tentativamente el término “irracional”.  No obstante, la irracionalidad estaría limitada al origen y final de las burbujas, no así al proceso de retroalimentación que las mantiene “vivas”.
 

En ningún momento se ha demostrado que los agentes económicos al inicio o al final de una burbuja abandonan individualmente el supuesto *lógico* implícito en la definición de convencional de racionalidad (o sea, no es que los agentes económicos se vuelven locos).  La limitación de la racionalidad tampoco obedece a que repentinamente los agentes económicos han abandonado el contacto con la realidad profunda (los “fundamentos” económicos) porque dicha hipótesis, de carácter ontológico, no es necesaria para aplicar operativamente la racionalidad.
 

La falla de la racionalidad (que da origen a situaciones de aparente irracionalidad) es, en todo caso, de orden epistemológico.  El quiebre en la percepción colectiva de la realidad puede reinterpretarse como una convergencia no uniforme de la estimación del proceso estadístico subyacente.  En otras palabras, el uso no eficiente de la información disponible sobre el sistema.  El hecho de que las burbujas eventualmente colapsan y que las expectativas y los procesos subyacentes eventualmente convergen, señala que aunque ineficiente, la percepción individual y colectiva no llega a deslindarse permanentemente de la realidad.
 

La racionalidad, por tanto, prevalecería en el muy largo plazo (después del colapso de la burbuja); retrospectivamente, la burbujas se reconocen como tales, lo que también apoya la idea de que el problema yace en el carácter prospectivo o anticipatorio del comportamiento económico (el problema epistemológico – inferencial ya identificado por Hume).  Cabe preguntarse entonces si la falla del proceso cognitivo obedece a los axiomas de la racionalidad o más bien son causados por fallas en el marco de lo irracional.

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1 comment

  1. Marcelo Coj dice:

    Me parece muy interesante, el comentario, porque linda con la filosofía. Además de que en el país, no se tratan con frecuencia estos temas


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