¡Karl Marx estaría satisfecho… con los resultados de la competencia!

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Por Carlos A. Mendoza, CABI

Desde siempre me ha llamado la atención en los aviones comerciales la diferenciación de dos tipos de pasajeros: los de “clase ejecutiva” o “primera clase” y los de “clase turista” o, consecuentemente, “segunda clase”. Asientos más cómodos, comida y bebida especiales, y trato de realeza corresponden a los que son capaces de pagar un boleto de “clase ejecutiva”. Los que no podemos, nos atenemos a un asiento donde no caben las rodillas, y con suerte nos dan agua para comer una bolsita de desagradables pretzels. Este evidente contraste entre “clases sociales” seguramente no habría pasado desapercibido para Marx.

Sin embargo, esa cortina que divide la cabina del avión en dos mundos, uno confortable y otro como de camioneta, no ha dado paso a ningún tipo de “lucha de clases”. Las líneas aéreas saben muy bien que es posible ejercer la discriminación de precios, para que quien está dispuesto a pagar más lo haga. Discriminan diferenciando el producto y el servicio en el margen, no en su esencia. Así que, aparte de los episodios de terrorismo, nunca he sabido que el “proletariado-turista” se rebele contra la “burguesía de enfrente”. Todo había permanecido estancado en el estatus quo. Hasta hace poco…

Hoy, los altos precios de los combustibles, la baja en la demanda debido a los atentados terroristas, y las huelgas de los empleados de las aerolíneas, han conducido a la bancarrota a varias de ellas. La competencia en la industria se ha tornado despiadada. La consigna ha sido reducir costos para hacer más eficientes las operaciones. Por eso el famoso “chicken or beef” que ofrecían en los vuelos pasó a la historia. En los aeropuertos se ha eliminado a mucho personal gracias a las computadoras donde uno mismo hace el check in. Y las reservaciones se hacen on line para obviar el costo de las agencias de viajes.

Los viajeros, por supuesto, buscan los precios más bajos. El mercado ha respondido con empresas como Spirit Airlines, considerada una Ultra Low Cost Carrier. Su idea es liberar al consumidor de pagar servicios que no desea o no necesita. Entonces, el cliente puede elegir aquello que realmente va a utilizar y pagar lo correspondiente. Esto aumenta la satisfacción de los consumidores y la eficiencia de la compañía.

Aquí es donde Marx se sorprendería… Para bajar sus costos, Spirit Airlines ha decidido eliminar la “clase ejecutiva”. Aunque reserva ocho asientos grandes en el frente, los cuales vende a mayor precio, el servicio es el mismo para todos los pasajeros. Todos tienen que pagar sus bebidas y alimentos. Así que no más envidias ni resentimientos… pues todos son tratados como iguales. El mercado ha hablado. A quien no le guste, que pague el doble en otra aerolínea por ir como turista, o el triple para ir como rey.

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Economista y politologo centroamericano, nacido en Guatemala.

3 comentarios

  1. marco antonio castillo castro on

    Indudablemente existen países en donde importantes areas de la economia y los servicios operan de acuerdo a la necesidad -demanda- de los habitantes, caso Canada por ejemplo. Este es un pais desarrollado y sin embargo cuenta en muchos aspectos, con
    politicas y sistemas iguales o mejores que los de un país socialista.

  2. Samuel Perez on

    Esta interesante el articulo, sin embargo creo que en lugar de contextualizar, el ejemplo lo saca de contexto. Se asume que la competencia es entre Spirit y las demas lineas aereas. Pero se analiza la situacion de Spirit como una industria que no discrimina precios. Entonces me parece que estamos mezclando peras con manzanas. A mi juicio, la competencia es de Spirit frente a las lineas aereas y aqui si existe discriminacion, pues unos viajan en primera o segunda y otros escogen Spirit, que brinda diferenciacion en su mismo servicio frente a los otros competidores. Como es entonces el analisis de la no diferencia de “clases” entre los distintos competidores?

  3. En los últimos años y en España sí se ha desarrollado una forma de protesta colectiva contra las compañías aereas: el motín.

    Algunas veces incluso en el interior de los aviones. La causa suele ser alguna clase de incumplimiento de contrato, que sin embargo la legislación nacional española y europea permiten, como el “overbooking” (vender más pasajes que asientos hay en el avión).

    Pero hay otras muchas. En algunas épocas del año donde hay mayor concentración de viajeros es obvio que la vigilancia en los areopuertos se ejerce esencialmente sobre el pasaje, sobre los consumidores y ciudadanos (un auténtico “ganado” para autoridades y compañías).
    En el aeropuerto entonces se reproduce el modelo social del campo de concentración.

    Un saludo,

    J.C.

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