por Carlos A. Mendoza, CABI
El domingo recién pasado fuimos a caminar con mi esposa a orillas del lago Michigan, para aprovechar los últimos días de buen clima. De regreso, en el metro, fuimos testigos de un intento de robo. A la par de nosotros iba sentado un jovencito latino, de unos 18 años de edad, escuchando música en su IPod. Cuando cruzábamos uno de los barrios pobres de la ciudad de Chicago, se subieron al vagón tres jóvenes afroamericanos, de unos 16 años de edad. Me llamaron la atención por la forma en que estaban vestidos, con ropa muy holgada para su tamaño. Con la capucha del sudadero se cubrían parcialmente la cara. Dos se sentaron junto al joven latino y el otro caminaba algo nervioso dentro del vagón. En la siguiente parada, los dos sujetos sentados intentaron quitarle el IPod al joven latino. Fue cuestión de segundos.
Yo observé el forcejeo. Los ladrones salieron corriendo del tren y la víctima se levantó, como persiguiéndoles, y los amenazó con un cuchillo que sacó de su bolsillo. Otro pasajero simplemente se limitó a preguntarle al joven latino si usualmente andaba con arma blanca y éste le respondió con naturalidad que siempre estaba preparado porque no iba a dejar que lo robaran. Hasta ese momento me di cuenta de la gravedad de lo que había presenciado y de que es algo frecuente. Nosotros, ingenuamente, siempre vamos muy confiados y tranquilos en el metro.
Esta semana, precisamente, el debate en los medios locales de comunicación y entre políticos ha sido el asesinato a golpes de un joven de 16 años, el pasado 24 de septiembre, llamado Derrion Albert. Este muchacho, buen estudiante y para nada involucrado con las pandillas, fue la tercera víctima adolescente del mes. Hasta ese momento, otros siete jóvenes ya habían sido heridos en diversas circunstancias en la ciudad. El Ministro de Educación de los EE.UU., Arne Duncan, quien conoce muy bien los problemas de violencia juvenil en las escuelas públicas de Chicago, ha declarado que la muerte de Albert debería generar un debate nacional sobre valores y la responsabilidad de todos para asegurar que los niños y jóvenes crecerán en un ambiente propicio y seguro.
No es extraño que en los telenoticieros de la noche se reporten niños muertos en parques públicos al quedar en medio de un tiroteo entre pandillas (o maras) rivales. Sus miembros también son frecuentes víctimas fatales, al igual que jóvenes en el mismo rango de edad, quienes son constantemente amenazados en los entornos de sus escuelas. ¿Les resulta semejante a la realidad guatemalteca, salvadoreña y hondureña? Bastante, por ello envié hace algunos días este vínculo a los colegas del programa “Desafío Joven” en Guatemala. Se trata de medidas que piensan tomarse en las escuelas públicas de Chicago para disminuir los indicadores de violencia juvenil. Continuaré…
http://www.chicagotribune.com/news/local/chi-huberman-cps-violence-04sep04,0,7688668.story
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Más referencias:
Historia del joven asesinado en Chicago
http://www.chicagotribune.com/news/chi-teen_killed_roselandsep26,0,5094890.story
Debate nacional sobre violencia juvenil en los EE.UU.
http://www.chicagotribune.com/news/chi-youth-violence-08-oct08,0,6655977.story








As long as there is poverty, there will be no peace. – Muhammad Yunus
Pues sí que es muy similar la situación por allá donde usted radica actualmente, con respecto a lo que ocurre diariamente en Guatemala cuyo promedio diario de asesinatos va llegando a 20 y hace unos meses cuando se estableció para una semana el promedio de 13, el Vicepresidente de la República se alegró mucho, pues con eso se “demuestra” que están haciendo algo.
Las características de los atacantes, negros, y el atacado, un latino, como que llama la atención. ¿Y los blancos sajones no cometen iguales o peores delitos, entre ellos no hay delincuentes que asesinan por un iPod?, eso sin contar a los delincuentes de cuello blanco, como aquellos que ocasionaron la quiebra de muchas instituciones financieras y encima los premiaron con un bono.
Pero claro, ahora los blancos tienen un Presidente negro que lucirá un Premio Nóbel a partir del 10 de diciembre 2009, aunque Fidel Castro diga que estuvo bien la concesión pues eso le obligará a trabajar por la paz.
“Muchos opinarán que (Obama) no se ha ganado todavía el derecho a recibir tal distinción. Deseamos ver en la decisión, más que un premio al presidente de Estados Unidos, una crítica a la política genocida que han seguido no pocos presidentes de ese país, los cuales condujeron el mundo a la encrucijada donde hoy se encuentra”, afirma Castro. Véase http://www.prensaescrita.com/diarios.php?codigo=AME&pagina=http://www.prensalibre.com
“Cosas veredes Sancho amigo” dijo Cervantes.
La violencia de las maras en El Salvador, Guatemala y Honduras no nace en estos países, sino precisamente en USA, cuando familias de migrantes por la guerra centroamericana y por la pobreza llegan a USA. En ese país prima la exclusión, no logran incorporarse y estos ninos que llegaron con sus padres a trabajar y que no eran delincuentes, terminaron organizándose para sobrevivir. Luego USA empezó a retornar a los muchachos mareros a sus países, y -otra vez- por quitarse un problema de encima extendió el fenómeno, lo globalizo’. Si consideramos el aporte de estamentos de USA a las guerras centroamericanas de esos tiempos, y el rol en la pobreza de multinacionales, como las del banano, podremos concluir que el país del Norte tiene una responsabilidad mayor con la violencia al Sur de Río Grande, eso sin hablar del efecto que tiene la libre venta de armas en USA sobre estos países y México. USA ha tenido por décadas diferentes tipos de pandillas. Es allí han de asumir decisiones fuertes sobre armas, inclusión de migrantes, coordinación respetuosa con gobiernos y ONGs del Sur y sobre todo podrían aprender de varias experiencias, por ejemplo como la de Esteli, en Nicaragua.