por Carlos A. Mendoza, CABI
Tenía pendiente comentar el ensayo de Andrés Marroquín y Julio Cole, colegas y profesores de economía en la Universidad Francisco Marroquín. El mismo se titula “Homicide Rates in a Cross-Section of Countries: Evidence and Interpretations” y fue publicado por la revista académica Population and Development Review 35 (4), en diciembre 2009.
Voy directamente al punto que generará la polémica. Julio y Andrés descubren una relación positiva y estadísticamente significativa entre el aumento de un año en el nivel de escolaridad de las mujeres y el incremento de un 26 por ciento en la tasa de homicidios. Ellos mismos califican el resultado como inesperado y contra-intuitivo, pues generalmente se piensa que a mayor educación menor violencia. De hecho, sí obtuvieron esa relación esperada en el caso de la escolaridad masculina, pero no en la femenina, donde el efecto también es de magnitud considerable. ¿Por qué?
Ellos proponen cuatro posibles explicaciones. Primera, las mujeres educadas se incorporan al mercado laboral y eso hace que descuiden la educación de sus hijos, quienes luego serían más vulnerables a ser reclutados por los criminales o ser sus víctimas. Segunda, las mujeres que trabajan desplazan a los hombres menos calificados que, entonces, se dedican a realizar actividades criminales. Tercera, la mujer más educada se une en matrimonio a una mayor edad, lo cual también retrasa la edad de los hombres para sentar cabeza, por lo que éstos son “domesticados” tardíamente. Mientras tanto, están más expuestos a involucrarse en actividades violentas. Cuarta, los hombres son fácilmente intimidados por mujeres educadas, por lo que su inseguridad puede conducirlos a ser violentos. Se ha documentado que las mujeres, incluso las educadas, pueden ser víctimas de violencia conyugal cuando el esposo está desempleado, pues él trata de imponer su papel de proveedor.
Aunque Andrés y Julio no profundizan en alguna hipótesis que les resulte más convincente, parecen descartar la primera, pues no cumple con el criterio de explicar un hecho irrefutable: la violencia es principalmente entre hombres (son tanto víctimas como victimarios). Esto es fundamental para entender su hallazgo.
Cuando empecé a estudiar el problema de la violencia homicida en 1999, el profesor Mauricio Rubio me introdujo en la fascinante disciplina de la psicología evolutiva, con la lectura del libro de Robert Wright (1995), The Moral Animal, why we are the way we are. En el mismo se explica que la violencia entre machos está, en gran medida, determinada por el acceso que tienen a las hembras para poder reproducirse. En las sociedades donde los hombres tienen asegurada una pareja tienden a disminuirse las tensiones que generan violencia entre ellos. Explicaré esto en más detalle en una próxima entrega.
La desigualdad social ha sido tradicionalmente asociada con los niveles de violencia homicida, algo que también es resaltado por la psicología evolutiva, pues está íntimamente ligada con la capacidad de los hombres a tener acceso a una mujer. En una sociedad muy desigual, argumentan, las mujeres estarían mejor en un arreglo poligámico donde pueden acceder a hombres con más recursos. Esto haría que los hombres con menor estatus socioeconómico se quedaran sin pareja y dicha sociedad, por lo tanto, sería más proclive a la violencia. En efecto, Andrés y Julio obtuvieron resultados estadísticamente significativos respecto a la desigualdad, aunque dicha variable no parece tener un efecto tan importante en el modelo de regresión utilizado por ellos.








Felicito a Julio Cole y Andres Marroquin por la publicacion de este ensayo. Me alegra mucho que los profesores de la UFM esten realizando investigacion academica.
En Guatemala, lamentablemente, las Universidades se concentran en la docencia y no promueven la investigacion. Esta es una de las grandes diferencias entre la educacion superior en los paises desarrollados y los que no lo son. En los primeros, los profesores enseñan a partir de su propio trabajo de investigacion, en el que se hacen verdaderos expertos.
Sin investigacion, las Universidades no pueden cumplir con su funcion social de innovar y descubrir. No se trata solo de transferir conocimiento, sino tambien de crearlo y acumularlo. Mucho mejor si tiene aplicacion importante para resolver problemas sociales, como en el caso que nos ocupa.
Comentario enviado por Andres Marroquin, via electronica *
Gracias, Carlos, por tu análisis. Me parece muy interesante la hipótesis desde la psicología evolutiva.
Gracias también por explicar nuestros resultados que usualmente son malinterpretados a priori. Usualmente se concluye que una de las implicaciones es no educar a las mujeres, lo que no es correcto. De cualquier manera nuestros resultados son “work in progress.”
Espero con interés la parte II de tu análisis.
Un gran abrazo,
Andrés
* Pedimos disculpas porque parece que aun no hemos podido habilitar la opcion de comentarios…
Al releer hoy este POST, pienso que la cuarta hipótesis presentada por Andres y Julio tiene cierta logica para explicar el aumento de las tasas de violencia homicida contra las mujeres, aunque sigue siendo cierto que la mayor parte de victimas de las violencia son hombres, la relacion es casi 10 a 1. Es decir, por cada mujer asesinada se eliminan a 10 hombres.