Política Internacional, Sudamérica

Venezuela: un país de institucionalidad improvisada

0 Comments 13 enero 2013

por Ángel Álvarez, Universidad Central de Venezuela (*)

Hugo Chávez, producto del estadio actual de la grave enfermedad que le aqueja desde hace al menos dieciocho meses, no asistió a la juramentación que por mandato constitucional es necesaria para asumir la envestidura de Presidente. Nadie en Venezuela, excepción hecha de uno pocos opositores radicales que quedaros aislados y excluidos muy prontamente, discute la legitimidad de su triunfo en unas elecciones que, debe decirse, ganó por amplio margen pero que se realizaron en un contexto de gran inequidad en el acceso a los recursos (dinero del Estado y medios de comunicación), manipulación de los calendarios electorales y evidente parcialización a su favor de la autoridad electoral nacional (el CNE). Muy pocos discuten además que, dado estado de salud, es comprensible la posposición de su toma de posesión.

Lo que si se discute desde la oposición, con tonos de diversa intensidad es: 1) que el pueblo no está plenamente informado del tipo y grado de desarrollo del cáncer que aqueja; 2) por tanto, nadie sabe cuánto tiempo le tomará recuperarse, y 3) el permiso otorgado por la Asamblea Nacional (AN) y convalidado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), ambos controlados por el partido de gobierno, es indefinido. Este último punto es crucial.

La constitución prevé dos tipos de ausencia del presidente. La temporal, por noventa días, prorrogables por noventa más; y la absoluta, que ocurre por inhabilitación política, física o mental o por muerte de quien ocupe el cargo presidencial. Para que se de alguno de los supuesto de la ausencia absoluta, en el caso actual que se refiere a su presencia en Cuba por razones médicas, la constitución ordena la formación de una junta médica que remita su evaluación al TSJ para que este decida. El tribunal desechó esta posibilidad. Para que exista vacante relativa bastaría con la evidencia de que no está presente por un lapso prolongado y no realiza actos de gobierno. Ese es justamente el caso: el Presidente Chávez ni siquiera firmó la misiva dirigida a la AN en la se le escusa por no estar presente el 10 de enero, día previsto por la constitución para la juramentación presidencial. No obstante, el criterio del TSJ es que solo el presidente puede solicitar que se considere su vacante temporal. Criterio que la mayoría de la oposición acató, especialmente aquella representada por el candidato a la presidencia Henrique Capriles. Pero el acatamiento no significa falta de crítica. La oposición, incluso la más numerosa y moderada, no sale de su asombro por este criterio del TSJ que puede llevar al absurdo de que el presidente puede estar fuera del país por tiempo indefinido, sin que evidentemente pueda ejercer el cargo, pero la presidencia no está vacante.

En la práctica, como también Capriles ha señalado, la decisión del TSJ se ocupa más de resolver un problema de poder en el partido de gobierno, entre el Vicepresidente Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, Presidente de la AN. Cabello sería el llamado a encargarse provisionalmente del poder si se produjera la vacante absoluta del presidente. Siendo Maduro el candidato al que Chávez dejó designado en caso de que fuese necesario hacer nuevas elecciones (como prevé la constitución en caso de vacante absoluta), el otrora canciller necesita tiempo para cohesionar el partido de gobierno en torno a su figura, realizar alguna gestión que lo muestren como buen gobernante e incluso para darse a conocer. Necesita, en una palabra, hacer campaña fuera de lapso desde la presidencia. No hay que olvidar que el sistema político venezolano es altamente personalista y los votos de Chávez no son de su partido, mientras que los votos opositores son de prácticamente cualquiera que sea candidato de la coalición unitaria (la MUD). Además, si las elecciones fuesen pronto (tal como el estricto apego a la constitución ordenaría) la oposición tendría una sola opción: Henrique Capriles. Si se posponen, las ambiciones emergerán y la MUD se verá obligada a hacer nuevas primarias que podrían ser desgastantes para el candidato que finalmente sea elegido –muy probablemente, de todos modos, Capriles.

Por donde se mire, en consecuencia, la precariedad institucional no es un accidente. Es una opción justificada por razones de continuidad de la revolución chavista.

 

(*) Como siempre, agradecemos al Prof. Álvarez por sus contribuciones a este BLOG para comprender mejor lo que ocurre en la política de Venezuela. CM.

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