Diccionario Económico, Economía Internacional, Economía de Guatemala, Guatemala, Política de Guatemala, Por País, Teoría Económica

Gobierno de Guatemala y BANGUAT con las “manos atadas”

5 Comments 09 Octubre 2008

Por Carlos A. Mendoza, CABI

En la década de los noventas el péndulo de la historia estaba claramente inclinado hacia la derecha del espectro ideológico. Internacionalmente, había fracasado el experimento socialista. Localmente, el populismo monetario del gobierno de Vinicio Cerezo, y la inflación que generó, habían impactado fuertemente los modelos mentales compartidos por las elites políticas y económicas, de tal forma que se aprovechó la reforma constitucional de 1993 para prohibir que el Banco de Guatemala otorgara financiamiento directo o indirecto al Gobierno de la República.

El artículo 133 de nuestra Constitución, literalmente dice: “Con la finalidad de garantizar la estabilidad monetaria, cambiaria y crediticia del país, la Junta Monetaria no podrá autorizar que el Banco de Guatemala otorgue financiamiento directo o indirecto; garantía o aval al Estado, a sus entidades descentralizadas o autónomas, ni a las entidades privadas no bancarias. Con ese mismo fin, el Banco de Guatemala no podrá adquirir los valores que emitan o negocien en el mercado primario dichas entidades. Se exceptúa de estas prohibiciones el financiamiento que pueda concederse en casos de catástrofes o desastres públicos, siempre y cuando el mismo sea aprobado por las dos terceras partes del número total de diputados que integran el Congreso a solicitud del Presidente de la República.”

Dicha modificación se aprobó teniendo como referencia el paradigma monetarista, según el cual más dinero en circulación siempre genera inflación. No se pensó en posibles situaciones de recesión económica, cuando se hace imprescindible satisfacer la demanda del público por más efectivo. Según, Krugman (1994), las operaciones de mercado abierto por medio de las cuales el Banco Central adquiere deuda emitida por el Gobierno son una forma digna de hacer política monetaria. Recordemos que Keynes sugería esconder botellas llenas de efectivo para que fueran encontradas por personas emprendedoras, mientras que para Friedman daba igual si el dinero se lanzaba de forma aleatoria desde un helicóptero.

La receta keynesiana indica que una política monetaria expansiva puede inducir a los agentes económicos (empresas y hogares) a reactivar el ciclo de consumo y producción. Krugman afirma que esta receta funcionó bien al aplicarse después del crash de octubre de 1987 (cuando el precio de las acciones cayó 23 por ciento en cinco días). Sin embargo, Keynes también se preocupó por los casos en los cuales la expansión monetaria no es suficiente, es decir, cuando la recesión se convierte en depresión económica. En dicho escenario nadie está dispuesto a consumir, no importa cuánto efectivo se posea. Es la llamada “trampa de liquidez”. Se considera que Inglaterra y los EEUU cayeron en dicha trampa a mediados de la década de los años treinta.

En eso casos extremos, la recomendación de Keynes es aumentar el gasto público. No es únicamente expansión monetaria, sino también expansión fiscal. Krugman, sin embargo, insiste que ésta es una estrategia de “desesperación, una droga peligrosa que sólo debe ser recomendada cuando los remedios usuales de política monetaria han fallado.”

Mi punto es que con la reforma constitucional de 1993 que, entre otros cambios, prohibió las operaciones de mercado abierto, se le quitó a la autoridad monetaria un mecanismo de inyección de dinero en la economía. Desde el punto de vista teórico, la justificación era evitar presiones inflacionarias. Desde una postura más ideológica, lo que se quería era disciplinar el gasto público, obligando al Estado a pagar “tasas de interés de mercado” por los recursos que requiriera. Otros dirían, por supuesto, que eso fue simplemente un mecanismo diseñado por el sector privado para aprovechar las necesidades de financiamiento del Estado y ganar fácilmente intereses, corriendo escaso riesgo.

Por otro lado, la cláusula de escape del artículo 133 deja lugar a cierta ambigüedad: ¿podría considerarse la actual crisis financiera mundial como una amenaza real capaz de generar una “catástrofe o desastre público”? Sin embargo, parece más difícil alcanzar el consenso político: ¿se podrían conseguir los votos de dos tercios del Congreso para levantar dicha prohibición al Banco de Guatemala? No lo sé. ¿Qué tan flexible serán los modelos mentales compartidos por las actuales elites políticas y económicas?

Seguro que cuando la situación apremie, los empresarios estarán a favor de la intervención estatal, ya sea vía expansión monetaria o fiscal. A los políticos seguramente habrá que darles sus bolsitas de dinero para ejercer en sus distritos el tan gustado clientelismo, así como se hizo en los EEUU para que se aprobara el billonario paquete de rescate financiero.

Referencia:

Krugman, Paul (1994). Peddling Prosperity. Economic Sense and Nonsense in the Age of Diminished Expectations.

Your Comments

5 Comments so far

  1. jose raul gonzalez dice:

    Carlos: la conclusion es que hay que dejar o eliminar la prohibicion constitucional? Yo entiendo que hay que preservarla ya que si tu pronostico se cumple, politicos y empresarios llegaran a pedir sus centavos y lo unico que nos podra defender es esa prohibicion…

  2. Jose Alejandro dice:

    Apreciado Carlos: Creo que ante grandes problemas, grandes soluciones, pero la viabilidad política dependerá de la interpretación técnica de cuál fue (o creemos ahora que fue) el espíritu constitucionalista (con la reforma de 1994) en relación con los términos “casos de catástrofe o desastres públicos”, como bien comentas: creo que todos los protagonistas están disponibles para consulta; amen del sentido de conveniencia que ahora podrían demandar las circunstancias prevalecientes y previsibles. También hay otro viejo adagio que dice: “En tiempos de desolación, nunca hacer mudanza”, porque las urgencias de la crisis pueden obligarnos a tomar decisiones desesperadas para resolver temporalmente las situaciones (no siempre) y/o a veces crear otras peores; si no, que lo digan las autoridades monetarias, fiscales y políticas de EUA que creyeron que sólo con el paquetazo de los 740 millardos, adoptado bajo la presión y en medio de la crisis, se resolvería el problema, cuando en realidad pudo haberse iniciado un proceso más grave y sistémico, tanto de credibilidad como de expectativas. En todo caso, tu reflexión es atinente y los tiempos aconsejarían evaluarla, aunque habrá que recordar que el ser humano es el único animal que se vuelve a tropezar con la misma piedra: en uno u otro sentido, por ello es que percibimos que la historia económica se repite (1897 y 1929; 1987 y 2008, por ejemplos). Además, ante los excesos, solemos ser pendulares. Animo. Atento servidor.

  3. Juan Luis dice:

    Estimado Carlos,

    Tus reflexiones sobre el tema son muy interesantes, pero sí me parece inadecuado tu intento de minimizar la hegemonìa e influencia del sector privado bancario y financiero en la decisión de prohibir constitucionalmente una función sustantiva del agente financiero del estado. Además esta apreciación contradice otras opiniones surgidas en el seno de CABI en cuanto a que la Junta Monetaria no debería ser juez y parte en términos de su conformación y representación de intereses particulares, cuando fue precísamente en el seno de dicha junta en donde se fraguó este precepto y que representó que las tasas de interés activas se dispararan al alza.

    Más que polemizar sobre este punto, creo que deberías revisar la historia, la política económica de la época, pero también la economía política de ese período.

    Si no, recuérdate desde hace cuanto tiempo está enquistada la “rosca” en la banca central y las nefastas implicaciones que ha tenido en el tiempo.

  4. Hoy, 17 de Oct., Paul Krugman escribio en su editorial que es indispensable utilizar la politica fiscal, pues la monetaria se ha agotado:

    http://www.nytimes.com/2008/10/17/opinion/17krugman.html?_r=1&ref=opinion&oref=slogin

  5. mauricio vasquez dice:

    Hace aproximadamente 28 años Guatemala se vio afectada por una inflación galopante de alrededor del 69% algo inusual dentro de la economía (Gobierno de Lucas Garcia). La pronta intervención del Banco de Guatemala, causó que se corrigiera esa tendencia en menos de 2 años. Es obvio que la intervención del Banco Central para buscar el desarrollo ordenado de la Economía es un fundamento que al realizarlo con toda propiedad prescisamente ordena y alienta. En su momento existió en Guatemala un decreto ley 2-72 que facultaba al Banco Central la intervención en las entidades financieras y administrandolas sanamente lograba su recuperación y consecuentemente su operación productiva como empresa en marcha. Oigase Banco Inmobiliario, que aún persiste dentro del sistema financiero en una forma sana y productiva. Esto lo cito como un ejemplo de la intervención que logro estabilizar y mantener en el mercado financiero una institución con el consecuente sostenimiento del prestigio financiero del sistema, sostenimiento del empleo, de la cobertura de impuestos en favor del estado y de su productividad en favor de sus accionistas. Con las modificaciones (por supuesto sin considerar la intensión dolosa de algunos), ahora se tiene a la vista resultados de instituciones fallidas que han causado desempleo, defraudación a los Guatemaltecos (depositantes inversionistas), defraudación fiscal (no hay a quien cobrar impuestos dejados de pagar oportunamente)y finalmente persecuciones a la administración, como repito sin considerar procesos premeditados). Finalmente considero que en el caso de los Estados Unidos de Norte America, la intervención del estado (contrario a todas las recomendaciones que para los paises latinos han insistido en otras oportunidades tanto el FMI como el Banco Mundial), era necesaria para restituir la credibilidad en el sistema financiero y ante todo la repercusión en el mundo por la insidencia en las quiebras masivas de instituciones financieras. Al final creo que esa intervención debiera ser controlada y efectiva, de una manera conciente buscando el objetivo comun y no la corrección de procesos corruptos. Aprovecho para comentar que esos programas de cohesión debieran diseñarse para aumentar la productividad fomentando precisamente programas autosostenibles que garanticen a los pobladores el realizar actividades productivas permanentes para postergarse sus efectos en desarrollo sostenido y no EN GASTO PUBLICO, que podría aumentar la pobresa al esperar sentados que nos sostengan. Aún cuando las remesas familiares han dado como consecuencia el sostenimiento del tipo de cambio en Guatemala, tiene el espectro de generar poblaciones consumidoras sin ser productivas. El Gobierno debiera desarrollar un programa intenso de desarrollo agricola haciendo que se pueda aserar técnicamente a los productores agricolas para garantizar lo que se dice mucho de nuestro pais que “es eminentemente agricola”….


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