por Carlos A. Mendoza, CABI
Guatemala (más de 15 millones de habitantes) y Venezuela (casi 28.5 millones de habitantes) tienen sendas de desarrollo muy distintas. Nuestro PIB per cápita se estima en unos US$5,200 mientras que el de los venezolanos es de US$13,200. Por eso mismo, Venezuela se encuentra en el puesto 71 del Índice de Desarrollo Humano (IDH) y Guatemala en el 133, de un total de 187 países (PNUD, 2013).
En términos de pobreza, utilizando el método de la línea de ingresos, Guatemala tiene 54% de pobres, en contraste con Venezuela que tiene la mitad de esa cifra: 27% (según su propio INE, pero 32% de acuerdo al Banco Mundial, BM). En materia de desigualdad del ingreso el BM reporta 0.56 para Guatemala (2006) y 0.45 para Venezuela (mismo año). De tal manera, que Guatemala es más pobre y más desigual que Venezuela.
Sin embargo, hay una diferencia que increíblemente favorece la evaluación de Guatemala: los niveles de violencia homicida son menores aquí que los registrados en Venezuela. El Observatorio de la Violencia de aquel país reporta tasas entre 69 y 73 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2011-12, mientras que el Ministerio de Interior y Justicia afirma que las tasas fueron entre 50 y 56 por 100 mil. En cualquier caso, la violencia venezolana tiene niveles más cercanos a los de Honduras y El Salvador en 2010-11. Su vecino, Colombia, ha descendido a un nivel similar al de Guatemala: unos 34 homicidios por cada 100 mil.
Esta realidad desafía los resultados observados en estudios que intentan explicar la variación internacional en los niveles de violencia homicida. Por ejemplo, en el estudio de Nivette, A. E. (2011), “Cross-national predictions of homicide: a meta-analysis,” Homicide Studies, 15(2), 103-131, se concluyó a partir de 55 investigaciones empíricas que hay una correlación positiva y estadísticamente significativa entre tasas de homicidios y diversas medidas de la desigualdad del ingreso, mientras que se correlaciona negativamente con el IDH (a más desarrollo, menos violencia).
En el caso de Venezuela, para la data disponible (1998-2012), las correlaciones a lo largo del tiempo aparecen significativas pero con signo contario al esperado. Esto se muestra en las siguientes gráficas:
La pobreza, que en los estudios revisado por Nivette puede medirse como mortalidad infantil (correlación positiva) o nivel de protección social (correlación negativa) tampoco sale con el signo esperado, pues a menor pobreza parece haber más violencia en Venezuela.
De hecho, cuando se hace el análisis entre unidades geográficas (municipios) en Guatemala, también sale significativo que a mayor pobreza menor violencia homicida, y a mayor IDH mayor violencia. En cambio, a mayor desigualdad sí salen mayores tasas de homicidios. Habría que replicar este ejercicio entre unidades geográficas en Venezuela para ver si se asemejan o no las correlaciones.



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