por Rosa Tock, autora invitada
Hace un año un amigo mío estadounidense insistía que en su país, todavía no estaban preparados para tener a una mujer o a un afroamericano como presidente. Después del triunfo de Barack Obama en las primarias contra Clinton, se cuestionó su personalidad, carácter y experiencia para dirigir el país. Se le tildó de terrorista y socialista, con valores anti-americanos, digno de ser investigado. Hubo quienes sugirieron que había que matarlo. Pero el miedo no venció la energía y el dinamismo de uno de los mayores esfuerzos de organización ciudadana que llevó por primera vez a una familia afroamericana a la Casa Blanca.
Las claves del éxito fueron un mensaje coherente y consistente a lo largo de la campaña, la disciplina de los organizadores y de las bases, y los nuevos recursos tecnológicos y mediáticos. Pero el hoy presidente electo se lleva los laureles pues una infraestructura compleja no despega sin un liderazgo efectivo. Barack Obama aprovechó su capacidad como organizador comunitario, sabedor de que en la gente ordinaria reside la mayoría de veces el conocimiento, la sabiduría, ese savoir-faire no aprendido en los libros pero en la vida cotidiana. Así, con la suficiente información e incentivos, la ciudadanía se organizó, participó masivamente en las urnas y tomó la decisión correcta. Y esta es la genialidad de la campaña electoral obamaniense: la combinación de un despliegue masivo de información y contra-información para desmentir falsas acusaciones, unido a un tipo de liderazgo genuino para inspirar un movimiento social para el cambio. Y yendo más lejos, para rescatar la democracia de las manos de la plutocracia republicana.
Si bien es cierto que el clima económico y el escaso apoyo a George W. Bush que termina su gestión con uno de los porcentajes más bajos de popularidad en la historia (25%) abonaron en el esfuerzo, los demócratas quizás no hubieran ganado arrolladoramente estas elecciones sin el cálido, calculador y carismático esfuerzo de Obama quien creyó en el poder de la gente para unir al país y al mundo entero bajo un simple lema: la necesidad de cambio.
Esta mañana escuchaba a un estratega del partido republicano decir que en el partido se sentían aliviados. Claro, ya van para afuera, sin responder a la ley y heredando unos problemas dantescos a la nueva administración: el déficit presupuestario, la alta tasa de desempleo, la crisis financiera que no termina de tocar fondo, dos guerras en suelo ajeno sin estrategia de salida, y una política migratoria punitiva en detrimento de nuestros connacionales. Los demócratas dejaron la casa en orden en el 2000, los republicanos neo-conservadores la desmantelaron, y ahora otra vez le corresponde a una administración demócrata liderada por Obama, pagar los platos rotos. Así que el verdadero cambio comienza hoy con esta renovada ciudadanía y el surgimiento de un movimiento político plural para demandar, monitorear, y pedir rendición de cuentas a fin de que las promesas se cumplan.




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