Sistema fallido

por Paulo De León, CABI

Artículo que salió en El Periódico. Pinche aquí.

En el fabuloso libro “The Decline and Rise of democracy” de David Stasavage, el profesor de NYU hace un recuento de este experimento de gobernanza que el ser humano ha venido implementando en los últimos milenios, partiendo de lo que denomina “early democracy” (democracia temprana-DT) que evoluciona hacia lo que hoy esta: “modern democracy” (democracia moderna-DM).

El autor escribe el libro en base a su amplia experiencia y observación del declive de la confianza en el sistema prevaleciente, primero, por la ausencia de resultados y segundo, por el aumento de la autocracia. Su concepto de DM es claro: “es una forma de gobernanza de participación democrática esporádica, donde los ciudadanos participamos votando cada 4 años por nuestros representantes, a los cuales no controlamos y no tienen mandatos limitados”. La DM tiene ciertos elementos dictatoriales dice el autor: ya que los elegidos escogen y hacen decisiones sin consulta ni consenso de los que dicen representar.

Recientemente en Guatemala se presenta y aprueba el presupuesto de la nación, el cual nuevamente presenta un aumento de casi Q 9 mil mm. El presupuesto asciende a más de Q 110 mil mm, los cuales son asignados por el gobernante de turno y su equipo en base a sus predilecciones, intereses, sesgos o como quieran llamarlo. Nosotros los que pagamos esa factura no tenemos voto alguno en esas prioridades o decisiones claramente. Esta ausencia de participación del que paga la factura en las decisiones finales de prioridades es una de las diferencias entre la democracia temprana y la moderna.

Lejos quedaron aquellos tiempos, en los que los cabildos abiertos y consejos se juntaban para resolver por consenso una decisión que venia acompañada del financiamiento de dicha solución: fuera para guerra, construir un puente, un acueducto o cualquier proyecto de beneficio de la comunidad.

Hoy vemos como la danza de millones de quetzales se mueven dentro de una burocracia administrativa plagada de grasa organizativa y lo peor de todo con ausencia de una verdadera estrategia de desarrollo que beneficie a la mayoría. Con esa cantidad de dinero, debiera de ser relativamente fácil resolver los problemas primordiales que todos queremos que se resuelvan como la desnutrición infantil o la brecha impresionante de infraestructura de todo tipo en el país. Lo que vemos es un engrosamiento de las filas burocráticas, que hoy se comen una porción alta del presupuesto, muchas veces puestos designados clientelar o políticamente. Esto viene pasando desde hace varias administraciones o periodos presidenciales. Me la juego que al menos un 25% del presupuesto estatal es grasa, es decir, se podría ofrecer lo mismo que ahora a la ciudadanía con un 25% menos de gasto. Esto sin incluir la corrupción que seguro se lleva otra tajada.

El tiempo pasa, nosotros seguimos pagando la factura con el esfuerzo de nuestro trabajo y arriesgando nuestro capital, pero la burocracia administrativa no entrega resultados. En una empresa normal, se identifica un problema: se hace el diagnóstico, se crean los KPIs de monitoreo y se resuelve el problema.

Mientras tanto las barras bravas nos dicen que el problema de todo esto somos nosotros los empresarios del país porque no pagamos más impuestos, siguiendo su relato de lucha de clases en lugar de verdaderamente pujar por soluciones. Son buenos para dar discursos de explicaciones porque estamos mal como país, pero no se les oye ninguna propuesta medio coherente. Dicen que hay corrupción estatal por todos lados, pero su solución es hacerlo crecer más: un sin sentido. La lógica común nos indica que no se le puede echar más gasolina a un tanque que tiene fugas.

Pero el problema no es exclusivo a Guatemala. La confianza en las instituciones estatales según la última encuesta de Gallup en EEUU colapsa a su peor nivel de la historia con niveles de confianza inferiores a 20% en algunas de ellas, sólo igualadas por la debacle de los medios (que optaron ser influencers o activistas-tema de otra columna). También el Barometro Global de Edelman reporta una caída en la confianza en las instituciones siendo las empresas las que más confianza gozan y las instituciones gubernamentales y medios las que menos, y por supuesto, un colapso en confianza en la democracia.

Hoy el poder no está en las personas, está en el gobernante de turno que juega a su agenda ideológica, y no resuelve los problemas reales cotidianos de las personas. Stasavage también refleja a lo largo de su libro esa nostalgia por aquella forma de gobernanza democrática pero participativa que fue la democracia temprana. La tecnología podría ser una solución, y dejarnos a los que pagamos y a los involucrados tomar más decisiones al menos sobre una porción de nuestros fondos y poder destinarlos hacia causas o prioridades. El sistema tiene que reinventarse para que sea más representativo y participativo: no hacerlo abriría a que esa frustración galopante que tenemos la capitalicen populistas o dictadores. Eso sería fatal y un retroceso total, pero está sucediendo.

PS: Foto tomada de internet. https://breathethinkwriterelease.com/2017/03/17/system-failure/

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