Por Carlos A. Mendoza, CABI
Me parece que el ex-presidente, y actual alcalde de la Ciudad de Guatemala, Álvaro Arzú tiene razón al cuestionar la postura de varios gobiernos, incluido el de Los Estados Unidos, de no reconocer como legítimo el resultado de las próximas elecciones en Honduras.
Las elecciones deben ser consideradas libres y justas para que otorguen legitimidad a quienes resulten ganadores de las mismas. ¿Qué quiere decir eso? ¿Cómo se mide la libertad y la justicia de un evento electoral para considerar que su resultado es la expresión genuina de la voluntad popular?
Al respecto de dichos requisitos fundamentales los invito a leer el documento titulado, precisamente: “Free and Fair Elections” (Unión Interparlamentaria, 2006). En el mismo se indica que deben respetarse los derechos electorales de los ciudadanos: el voto debe ser universal, igualitario y secreto. Además, deben protegerse los derechos de los competidores, incluyendo su vida y propiedad. Al Estado se le exige cumplir con importantes responsabilidades: a efecto de que las elecciones sean justas, debe garantizar las medidas necesarias para que los partidos políticos y sus candidatos gocen de oportunidades razonables para presentar sus plataformas electorales. No sólo debe proteger los derechos humanos de todos, sino también prevenir la violencia política y garantizar la independencia e imparcialidad de la autoridad electoral y demás cortes.
Los criterios para calificar unas elecciones como libres y justas tienen que ver con las condiciones del proceso electoral mismo, no con las del régimen político en el cual estas se realizan. De lo contrario nunca se podría transitar del autoritarismo a la democracia. Son, precisamente, las elecciones libres y justas las que facilitan dicha transición. Eso ocurrió en Guatemala en 1985, cuando se eligió a Cerezo, y ya había ocurrido en Honduras en 1981, cuando fue electo Suazo Córdova. En 1984 se eligió también a Duarte en El Salvador. Las tres elecciones se realizaron bajo el auspicio de regímenes autoritarios, encabezados por juntas militares. En los casos guatemalteco y salvadoreño, los eventos electorales se hicieron, además, en medio de los conflictos armados y, por lo tanto, con la exclusión de los grupos guerrilleros. De hecho, sólo dichos grupos cuestionaron la legitimidad que dichas elecciones concedieron a los presidentes, alcaldes y asambleas electas, quienes luego dieron los primeros pasos hacia la pacificación de la región. Esto último fundamentado, en gran medida, en esa legitimidad electoral.
Seguramente, esta noción elemental de democracia electoral es la que ha llevado a nuestros lectores a pensar que la crisis política-institucional de Honduras se resolverá hasta después de las elecciones (24 por ciento) o hasta que asuma el nuevo presidente electo por el pueblo (59 por ciento). Sinceramente, no entiendo porqué la comunidad internacional quiere cerrar la oportunidad, que se encuentra a la vuelta de la esquina, de normalizar la situación en Honduras. Llámenlas, si quieren, “elecciones transicionales,” pero no les nieguen a los hondureños la posibilidad de resolver sus propios problemas con las instituciones que poseen.









Reconocer las elecciones dirigidas por un poder impuesto por los militares y un grupo, en donde no van a participar todas las tendencias políticas, me parece ilegítimo.
Victor, ese es precisamente el punto a debate. Las elecciones, en si mismas, legitiman. Entonces, lo que se cuestiona es que da legitimidad a las elecciones. Yo opino que es el procedimiento de las mismas, debe ser justo y libre (de participacion, tanto de electores como de candidatos). Otros piensan que el regimen necesariamente debe ser democratico… pero si no lo es ¿Como se hace la transicion?
En el caso de Honduras hay que recordar que no fue el Ejercito el que impuso al nuevo gobierno, sino el conjunto de sus instituciones politicas democraticamente constituidas. Los militares respaldaron esa institucionalidad. Los partidos politicos siguen funcionando. Al igual que las cortes, etc.
Para salir del impase son necesarias las elecciones. Esa es la forma pacifica de solucionar el problema de la cuestionada legitimidad del Poder Ejecutivo. La politica real requiere de pragmatismo, no de intransigencia puritana.
Insisto, si la democracia fuera pre-requisito para las elecciones (?!) no habriamos podido transitar hacia ella en Centro America. Incluyamos tambien los casos de Nicaragua en 1990 y de la misma Costa Rica en 1948.
Comparto el punto de vista de Carlos, la legitimidad, por otro lado, es un tema que dista mucho de ser claro y unánime en política o en derecho ¿Quién o qué “legitima” un gobierno? ¿La comunidad internacional?, ¿La Constitución? ¿Nuestras preferencias políticas? o ¿El pueblo con su voto?, recordemos que aún un gobierno “legitimamente” electo puede perder legitimidad por su mala administración. Al final se trata de que Honduras ha tomado la decisión de limpiar el problema y regresar al modelo democrático que es el único camino posible, con o sin la participación de la comunidad internacional, que por otro lado cobija a muchos de los gobiernos más antidemocráticos de américa.
Además es preciso recordar que las elecciones vienen siendo la única puerta de salida que le queda a Honduras y a la comunidad internacional (que por otro lado ha abierto el debate sobre qué, cómo y a quién representa en realidad)
Si Zelaya regresara en este momento (y seamos realistas ya no podrá regresar en lo que queda del año) solo podría regresar a ser parte del proceso electoral ya en marcha ¿en qué cambia eso el proceso electoral?
Por otro lado una vez electo el nuevo gobierno hondureño y habiendo tomado posesión en el plazo que la Constitución hondureña señala la comunidad internacional ya no podrá seguir apoyando a Zeleya pues eso equivaldría a que la comunidad internacional ordena, apaña y desea una violación constitucional. ¿qué alternativa les quedará el año que viene?
Por todo ello me parece que en el fondo la comunidad internacional solo desean que llegue, cuanto antes, la nueva elección y pasar a otra cosa, Zelaya cada vez se les hace más incómodo, especialmente por sus errores y simplonería en asuntos de política internacional.
Luego los hondureños, ya con nuevo gobierno, deberán deducir responsabilidades legales contra muchas personas, pero por sobre todo deberán reconstruír lo que haya sido dañado de este lamentable suceso político.
“En el caso de Honduras hay que recordar que no fue el Ejercito el que impuso al nuevo gobierno, sino el conjunto de sus instituciones politicas democraticamente constituidas.” Personalmente creo que este párrafo es discutible y creo que por esa razón la comunidad internacional no reconoce las nuevas autoridades.
Creo que tampoco todos los partidos políticos siguen participando en este nuevo proceso eleccionario, por lo que veo difícil puedan ser unas elecciones legítimas.
Creo que si los militares hubieran tomado el poder en Honduras, TODOS incluido el senor Victor Valle estuvieran pidiendo elecciones en Honduras… aunque se se originaran en un gobierno militar (lo que no es cierto en el caso de Honduras)… los candidatos de un partido pequeño UD que dice no avalar las elecciones, están mas bien preocupados por que saben que su conducta va en contra de la mayoría de los hondureños (sacaron 22,000 votos en las últimas elecciones 1% del total)… creo que Mario Mancilla tiene mucha razón cuando señala que la comunidad internacional sólo desea que sea 30 de noviembre para pasar a otra cosa más relevante… ¿que haría Guatemala si el Presidente Colom desobedece una orden judicial y en públic burlonamente pregunta quien lo va ir a detener?
Definir un nuevo gobierno sin elecciones (sea quien lo haya impuesto) como democracia es una falacia.
Tanto el nuevo presidente como el anterior le han hecho mucho daño a la economía Hondureña.
La discución no debe centrarse en la legitimidad de un proceso electoral. Debe ir ligado a la legitimidad que tienen las nuevas autoridades de realizarla. No lo tienen y no deben ejercerlo.
Honduras decidió por Zelaya, grave error en mi opinión. Pero no se resuelve un error con otro. La democracia tiene mucho más herramientas que las utilizadas en este caso. Las instituciones son las que se respetan, no un grupo que se cree salvador de un país.
Me pregunto, ¿Acaso las condiciones que imponen los golpistas (en mi opinión) responden a las condiciones que viven la mayoría de Hondureños? ¿Acaso Zelaya responde a ellas? No, ninguno de los dos. Entonces ¿Qué legitmidad tienen las elecciones que los primeros van a ejecutar. ¿Que fiscalizadores serán los que velen por la legitimidad cuando ninguno de los partidos hondureños la han respetado? Es bastante complejo de y la presión de la comunidad internacional va hacia un “mal menor” por que lo ven de esa manera.
Esta es la parte final de discurso de Alvaro Arzú que ha generado polémica sobre la legitimación o no de la elecciones próximas en Honduras:
“Podemos hacerlo? Claro que sí. Nada nos lo impide. Sólo necesitamos decidirlo, y ustedes son los grandes protagonistas de esa decisión. En el mundo antiguo, el que legitimaba a los gobernantes locales era el Emperador Romano; durante la Edad Media era el Papa; hoy en día es la Comunidad Internacional; sin embargo, hoy como ayer, esta legitimidad se guía más por intereses que por ideales inquebrantables. Si no, díganme ustedes amigos ¿por qué declaran ilegítimo el gobierno que será elegido próximamente en Honduras?, ¿es porque las elecciones son convocadas por un gobierno de facto?, y si eso es cierto, ¿por qué no se declaró ilegítimo al Rey de España cuando fue citado y puesto en el trono por un gobierno de facto?, ¿por qué no fue ilegítimo también el gobierno del Presidente Suárez que continuó?, ¿y los gobiernos de Alwyn, en Chile, y todos los que le han seguido que fueron puestos por Pinochet en sus orígenes? ¿Por qué no se dijo que fueron ilegítimos los gobiernos de Juan José Arévalo, Julio César Méndez Montenegro y Vinicio Cerezo?, pero óiganme bien, y ¿Por qué no se dijo que yo mismo fui un presidente ilegítimo, si había recibido el poder de un gobernante nombrado por el Congreso de la República ante el vacío presidencial que se produjo cuando el Presidente Serrano fue “invitado” por las autoridades militares a abandonar el país y viajar a Panamá?
No nos dejemos apabullar por velos de palabras, por ideas que flotan en el aire. Necesitamos rescatar nuestra sociedad, necesitamos rescatar a nuestro país, necesitamos rescatar a nuestra juventud, necesitamos rescatar nuestras instituciones. Volvamos a los valores que hacen legítimo el poder, los que facultan la instauración del orden y el respeto por el otro ser humano. No permitamos que nuestras familias se desangren. La política y el diálogo humano sólo debe estar al servicio de una cosa: la vida.
Y Dios está tocando a nuestra puerta, ¡abramos!
Quiero terminar con un pensamiento que me lee mi esposa todos los días, que dice así: “Si mi vida no da frutos, qué importa que me feliciten; si mi vida da frutos, qué importa que me critiquen”.
Muchas gracias.”
La legitimidad debe ser abordada sin emotividad y con un cálculo racional frio e imparcial. Desgraciadamente las múltiples variables que hacen de éste hecho tema de estudio se enfrentan entre la realidad de las cosas y la de meros espectadores. Como hondureño me adelantaría a un hecho sin precedente a lo que comparto con otros analistas sobre la frase de “hipocresía política”. Jugar a lo que el viento y la corriente empuja, es decir a lo que se considere “correcto hoy”, mañana no. Las elecciones serán un fenómeno político sin precedente debido a las connotaciones que tiene, principalmente para los hondureños. Me adelanto a decirles que un porcentaje de la población se abstendrá de votar, debido a la militarización de las elecciones (desgraciadamente no es tema de encuesta), al miedo al “desorden que se puede armar”, al sistema que se implementa para las votaciones…no importa las elecciones van. Pero ¿Quien legitimará las elecciones finalmente: la historia, ustedes, nosotros o el “chapulín colorado”?. La historia juzgará a aquellos quienes vieron en éste fenómeno de análisis como algo aislado de la realidad y quienes lo vivimos, a quienes no le darán el seguimiento a la parte tecnológica e informática del evento, a quienes no vean el nivel de abstencionismo, fenómeno de la democracia que va en aumento y que en estas elecciones pasará bajo una prueba de fuego, etc. ¿ Quienes testificarán sobre si nuestras elecciones fueron legítimas?…queda el 29 de Noviembre y veremos si era escaramuza o si será lo más descarado avalado por los sectores “interesados”, que han ganado…pues si la Constituyente va, no será propuesta por el régimen anterior, sino por los actuales y :¡Abajo estatutos!, ¡Abajo Ley forestal!, ¡Abajo los impuestos a las transnacionales!¡Arriba la privatización!¡Arriba la “libre empresa”!, ¡Viva la venta de Honduras por partes!, apúntense cuando llegue, si llega.
La ética y sus principios, el valor moral, la política firme y justa que darían legitimidad: esas son variables sin importancia. La “hipocresía política”, esa sí. Esperemos que los hondureños con principios firmes, prevalescan y sea la justicia real la que saque en cara los errores cometidos. “El justo florecerá” no ante sus ojos y aunque algunos participemos en el evento pues es nuestra “libre desición”, no estamos de acuerdo en la forma en que la variable “ambiente nacional” se nos presenta.