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¿Por qué nos aferramos al monetarismo en Guatemala?

6 Comments 23 Octubre 2009

por Carlos A. Mendoza, CABI

Mis socios y colegas, Paulo y Miguel, han discutido ampliamente en este blog sobre la testarudez de las autoridades monetarias (tanto los integrantes de la Junta Monetaria, como los tecnócratas del Banco de Guatemala que les proveen de insumos para sus decisiones) respecto a su aplicación ortodoxa del monetarismo. La cual ha resultado contraproducente en tiempos de recesión. En lugar de impulsar políticas anti-cíclicas, han preferido restringir el gasto público (política fiscal restrictiva), previa renuncia al uso de política monetaria expansiva (como podría haberlo sido una reducción agresiva de las tasas de interés). Todo ello impulsado por el miedo infundado a una posible inflación y tratando de evitar, según sus creencias, un déficit fiscal inmanejable. El resultado ha sido una intensificación, innecesaria, de los efectos de la crisis económica mundial en la población guatemalteca. Han sufrido tanto los empresarios, como los trabajadores y el consumidor en general.

La pregunta que naturalmente debemos hacernos es la siguiente: ¿Por qué las autoridades guatemaltecas se aferran al paradigma monetarista? La respuesta no se encuentra en los tradicionales análisis sobre la “correlación de fuerzas” dentro de la Junta Monetaria, o en los “intereses corporativistas” de sus integrantes. Me parece que debemos acudir a explicaciones más sofisticadas. Por ello, busco respuestas en las teorías sobre el cambio de creencias, como el modelo evolutivo propuesto por Andrew Farkas (1996, 1998) para explicar aprendizaje colectivo (en su caso, sobre la política exterior de un Estado).

Según Farkas, las creencias dominantes las adquirimos de nuestros maestros, colegas y predecesores, y las mismas guían nuestro actuar. En el caso que nos interesa, podemos asumir que en algún momento el modelo monetarista se afianzó en la mente de la tecnocracia y de las autoridades monetarias. Aunque Guatemala nunca ha sufrido episodios dramáticos de hiperinflación como otras naciones, es posible que la inflación del último año de Vinicio Cerezo haya sido considerada como “suficiente evidencia” para convencer a los incrédulos sobre “las verdades” del monetarismo de Friedman, bastante difundido en la década de 1980. Una vez institucionalizada esta creencia, por medio de sus propias leyes, regulaciones y burocracia (por ejemplo, la reforma constitucional aprobada en 1993 al artículo 133, con la cual se prohíbe que el Banco de Guatemala otorgue financiamiento al Estado), es menos probable que las políticas se modifiquen aunque la evidencia haga poco aconsejable su continua aplicación.

El aprendizaje colectivo ocurre, de acuerdo con Farkas, cuando en la búsqueda de soluciones pragmáticas a los problemas que enfrentamos (una recesión económica de proporciones nunca antes vistas a nivel mundial, desde la famosa Gran Depresión), entendemos mejor el medio ambiente que nos rodea, gracias a que ciertas personas nos provee de más y mejor información. Ello nos permite actualizar nuestras creencias y las mismas se refuerzan con la retroalimentación del mismo medio ambiente, una vez aplicada la nueva política (por ejemplo, una política monetaria expansiva sin inflación y reactivación económica como resultados). Estas personas que acertaron con sus recomendaciones, entonces, ganan influencia para futuras tomas de decisiones, y generan herederos intelectuales que las mantienen vivas. En contraste, quienes recomendaron políticas calificadas como un fracaso, serán marginados en el futuro y, eventualmente, sus ideas morirán. Esto es lo que se denomina un modelo evolutivo de aprendizaje colectivo. Sin embargo, en dicho proceso de aprendizaje estamos muy lejos de alcanzar óptimos sociales.

Las ideas más aptas no siempre son seleccionadas. Hay mucho de suerte, y la misma está a favor de las creencias previamente institucionalizadas. Es decir, a favor del status quo (en nuestro caso el monetarismo). De tal manera que la retroalimentación negativa del medio ambiente (la que enciende la luz de alerta a favor de un cambio: “¡Hagamos algo!”) no siempre se traduce en una mejor comprensión de la realidad ni, finalmente, en una actualización del conjunto de creencias que guía y determina las políticas. Por lo tanto, las políticas se siguen implementando de la misma manera aunque la realidad cambiante y compleja aconseje una transformación de las mismas. ¿Por qué el grupo que toma decisiones, la Junta Monetaria, es incapaz de identificar, evaluar, y responder con los ajustes necesarios de cara al cambio de condiciones del entorno que se nos impone?

Se supone que los individuos cambian sus creencias cuando son confrontados por nueva evidencia (más y mejor información). Sin embargo, la transmisión de información es siempre imperfecta. No llega con la celeridad y exactitud requeridas. Aquellas políticas que parecen ser exitosas tienen mayor probabilidad de difundirse rápidamente, pero por los constantes cambios en el entorno (muchas veces provocados por la implementación de dichas políticas) pueden dejar de parecerlo en un siguiente instante (esta es una de las razones por las cuales hay que desconfiar de las llamadas “experiencias exitosas” que tratan de vendernos los organismos internacionales como modelos viables para solucionar nuestros problemas). De hecho, los grupos son muchas veces lentos para aprender lecciones debido a problemas como el de varios objetivos en conflicto, pues el grupo necesita un objetivo común (esta hipótesis podría sugerir que dentro de la misma Junta Monetaria no se ponen de acuerdo sobre la meta a alcanzar, no necesariamente porque haya un conflicto de intereses, digamos entre el CACIF y los banqueros por el tipo de cambio, sino porque asumen como principal objetivo el del BANGUAT: “la estabilidad en el nivel general de precios” y no el del Estado: el “desarrollo ordenado de la economía nacional,” al cual debería estar subordinado el primero). A veces la lentitud para aprender del mismo Estado se debe a la inercia de su burocracia (otra forma de institucionalización del conocimiento, en este caso: la tecnocracia del BANGUAT, orientada toda ella a la menta anti-inflacionaria).

Lamentablemente, como subraya Farkas, la habilidad de aprender influye de manera determinante en la eficacia de nuestras estrategias de política. Un Estado al que le cuesta aprender será menos eficaz en la solución de los problemas que debe afrontar. Por lo tanto, su desempeño depende en gran medida de su capacidad de aprendizaje. Y para aprender se necesita suficiente y buena información sobre los posibles resultados de la política que se pretende implementar, de lo contrario la selección de la “mejor política” se convierte en una simple apuesta (un juego de azar). Si no hay buena información disponible, o si la misma estructura organizativa obstruye la efectiva selección de la información pertinente, se hace imposible alcanzar la mejor política (aunque no necesariamente sea la óptima).

Entonces, se hace inevitable la existencia de un mecanismo para la introducción de mejores recomendaciones de política. Vientos nuevos que oxigenen el pensamiento. Pues, cuando el repertorio de políticas se agota, es indispensable una intervención externa para ampliar el mismo. El cambio generacional se considera como una de esas formas para desechar las viejas políticas que únicamente nos conducen al fracaso, y alcanzar políticas efectivas, es decir, para el cambio de paradigma.

—–
Referencias:
Farkas, Andrew. 1998. State learning and international change. Ann Arbor: University of Michigan Press.
Farkas, Andrew. 1996. Evolutionary models in foreign policy analysis. International Studies Quarterly 40, (3, Special Issue: Evolutionary Paradigms in the Social Sciences) (Sep.): 343-61.

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6 Comments so far

  1. Carlos Mendoza dice:

    Para complementar este POST y entender mi propia evolucion en la comprension sobre el “aprendizaje colectivo” y el “institucionalismo cognitivo” sugiero a los lectores revisar los POSTs anteriores, en los cuales he intentado sintetizar lo aprendido y aplicarlo a algun problema de interes:

    Problemas en el aprendizaje colectivo (13 ago 09)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=2874

    Aprendizaje Colectivo: revisión de dos modelos complementarios (30 jul 09)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=2802

    Institucionalismo Cognitivo, Parte II (26 abr 09)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=2290

    Institucionalismo Cognitivo, Parte I (25 abr 09)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=2285

    Aportes de Hayek al institucionalismo cognitivo (22 abr 09)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=2270

    Impacto de la crisis financiera sobre nuestras ideas (22 oct 08)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=869

    Gobierno de Guatemala y BANGUAT con las “manos atadas” (09 oct 08)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=841

    La importancia de las ideas (o los modelos mentales compartidos) (19 ago 08)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=740

    Insumos meta-teóricos para el debate: las comunidades epistémicas (31 mar 08)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=550

    Un nuevo institucionalismo: el cognitivo (24 ene 07)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=145

    Teorías sobre las instituciones: una introducción (23 ene 07)
    http://ca-bi.com/blackbox/?p=144

  2. Sergio Rosales dice:

    Don Carlos, en alguna parte de esas teorías del aprendizaje colectivo se explica también la resistencia al cambio, que pudiese verse explicada por la rigidez de la burocracia del Banguat (una gran estabilidad laboral que, aunque no se entreguen resultados -como atinarle al fin algun día a la meta de inflación- no se pone en riesgo el puesto y hay pocas posibilidades de sufrir las consecuencias de malas decisiones)… pues no creo que estén tan “convencidos” de la efectividad de sus políticas, sino que simplemente, es más cómodo para ellos la “política” que han adoptado en vez de intervenir de otras maneras más activas en la economía… y con respecto a que el objetivo del Banguat debería estar supeditado al objetivo del Estado, se ve a todas luces que incluso, siendo un órgano estatal (aunque autónomo, sigue siendo público) se les ha inculcado casi una función “reguladora” contra la indisciplina del Gobierno en el manejo macroeconómico (como la necesidad de que emitan dictámenes para recomendar si se contrata o no endeudamiento). Creo que al final se ha convertido en un poder paralelo, no como contrapeso, sino como oposición a cualquier actividad que pudieran interpretar dentro de su tecnócrata interpretación de la política, como medidas “populistas” de expansión del gasto.

  3. Edi Lopez dice:

    Carlos:
    Comparto buena parte de su comentario, con la observación que para los grandes grupos financieros, el sistema funciona, por cuanto les permite seguir acumulando riqueza. No se puede descartar el hecho que efectivamente en la Junta Monetaria, se decide en función de grupos corporativos economicamente poderosos. El que el Banco de Guatemala, no pueda por ley darle crédito al gobierno, mas que una concepción monetarista, obedece a intereses de estos pequeños, pero poderosos grupos.

  4. Ariel Batres dice:

    Nos aferramos a una teoría porque no conocemos otra, porque nos han hecho creer que la vigente es la única verdad, porque no investigamos ni cuestionamos y cuando lo hacemos se nos dice que somos “cangrejos”, lo cual nos aleja de la discusión, como buenos y dóciles ciudadanos que somos.

    La “funcionaritis” es tal, que no se mueve una hoja del árbol si previamente los técnicos monetaristas del BANGUAT no dicen cómo se hace; a su vez, éstos acuden a los gurús del FMI y BM, quienes ya demostraron su alta capacidad en predecir la crisis que se avecinaba, cuando ya la teníamos encima, y ahora vaticinan, ¡que ya pasó!

    Así como las creencias en los dogmas de la teoría monetarista perviven en el medio, igual ocurre en otros ámbitos de la Administración Pública, de ahí la “funcionatiris” descrita en forma de crónica -para no ofender- por Enrique Gómez Carrillo en 1906.

  5. Ariel Batres dice:

    FE DE ERRATA

    En mi comentario anterior anoté al final:

    la “funcionaritis” descrita en forma de crónica…

    Debe decir:

    la “funcionaritis” descrita en forma de crónica…

  6. Ariel Batres dice:

    En comentario anterior, al final

    DICE: funcionatiris

    DEBE DECIR: funcionaritis


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