Algunas consideraciones teóricas y prácticas, por Carlos A. Mendoza, CABI
Los 2,300 afectados por Bancafe International Bank Ltd. (BIB) han reaccionado con comprensible irritabilidad ante la intervención del Banco del Café, S.A. por parte de la Junta Monetaria de Guatemala, lo cual ha significado el cese en el pago de sus intereses y el congelamiento de sus fondos por parte de la autoridad monetaria en Barbados. Lamentablemente, este estado anímico no ayuda a los afectados a tomar las mejores decisiones respecto a la estrategia óptima para recuperar sus fondos. La optimización de la estrategia incluye minimizar los costos para los afectados y para la sociedad en su conjunto.
Se afirma con frecuencia que cuando uno se encuentra en crisis no debe tomar decisiones importantes de manera apresurada porque es más probable que se cometa algún error en la estimación del riesgo y de los costos de la decisión. La mente de la persona que se encuentra en una posición que percibe como “injusta”, es decir, que no corresponde a la situación que ella misma considera le corresponde de acuerdo a sus méritos o esfuerzos, tiende a magnificar los costos de la pérdida en estatus y a minimizar los riesgos que enfrenta. Según lo demostrado por medio de experimentos psicológicos, los individuos tienden a tomar riesgos cuando se enfrentan a amenazas contra su bienestar, pero son precavidos cuando están ante la posibilidad de una eventual ganancia. Es decir que existen distintos grados de aversión al riesgo en la toma de decisiones, según las propias percepciones del individuo respecto a su posición y status quo (Kahneman y Tversky 1979).
Esos descubrimientos de la teoría prospectiva, que ameritaron el Premio Nobel de Economía hace algunos años, nos permiten entender con mayor facilidad por qué la mayoría de los inversionistas de BIB no retiraron su dinero a pesar de los fuertes rumores sobre los efectos negativos de la quiebra de REFCO. Ellos no estaban dispuestos a pagar un 4% sobre su capital, como penalización por retirar su dinero antes del vencimiento pactado para la inversión, pues percibían periódicamente las ganancias del capital que aún consideraban suyo. Además, es muy difícil (riesgoso) tomar decisiones financieras importantes únicamente con base en rumores. La teoría prospectiva también nos ayuda entender por qué ahora, en contraste, quienes creen que “ya lo perdieron todo” están dispuestos a conceder hasta el 50% de su capital a cambio de recuperar el resto (lo cual saben bien algunos abogados que se quieren aprovechar de la ocasión).
Para efectos de las actuales decisiones sobre futuros cursos de acción, lo que la teoría prospectiva nos advierte es que al asumir que “ya se tiene perdido el dinero” los afectados estaría optando por una estrategia equivocada, muy riesgosa y poco óptima, porque se sitúan ellos mismo en una posición psicológica de mayor vulnerabilidad que los hará tomar riesgos innecesarios, que no estarían dispuestos a asumir si hubiera suficiente información para saber que, por el contrario, “no todo esta perdido”. Eso que se puede recuperar hay que preservarlo. Una estrategia de confrontación directa con los accionistas del banco y con la Junta Monetaria pondría en riesgo hasta lo poco que es recuperable.
Como lo ha sugerido mi colega, Paulo César De León (Four Winds Capital), se debe aprender de otras experiencias, como las de Ecuador y Argentina, donde primero se negoció “por las buenas” con los bancos en crisis para rescatar los activos disponibles y distribuirlos proporcionalmente entre los acreedores (pro rata). Eso es parte de la propuesta de los accionistas de Bancafé, por lo que hay que tomarla con seriedad y objetividad. Boicotearla podría ser contraproducente.
Otra consideración teórica importante nos la provee el llamado problema de la acción colectiva. En el caso de los afectados por BIB, su número puede ser un serio problema para coordinarse adecuadamente y de esta forma actuar con efectividad y eficiencia. En parte, se ha resuelto este problema al nombrar a un grupo de representantes y crear un sitio de reunión virtual en el Internet. De hecho, el problema de falta de acción colectiva es poco probable porque hay un número suficientemente grande de inversionistas que tienen tanto dinero en juego que estarían dispuestos a asumir todos los costos del litigio, sin importarles beneficiar de esta forma al resto de los pequeños inversionistas. El problema de acción colectiva a resolver es otro, es de estrategia.
Casi todos recordamos la tragedia del barco que volcó en Puerto Barrios para un Año Nuevo. La mayoría de las muertes fueron causadas porque cada uno de los que cayeron al agua pretendía salvarse jalando a los otros. De esta manera, muy pocos lograron salir con vida del agua. Algo similar pasa con los incendios en sitios cerrados, como las salas de cine, donde cada quien, queriendo salir primero, bloquea a los demás y el resultado es que casi todos mueren calcinados. Esto puede ocurrir a los afectados por BIB si no eligen una mejor estrategia “para salir del agua”.
Atacar “por todos los frentes” posibles a los accionistas de Bancafé, en especial embargándoles los bienes de sus otras empresas, no sólo evitaría alcanzar el objetivo final de recuperar el dinero de los inversionistas (porque aumentaría el incentivo para que los accionistas huyan o tomen actitudes más defensivas, y disminuiría el valor de mercado de esos activos que se espera vender para hacerlos líquidos), sino que también arrastraría a otros hacia el colapso (por ejemplo, a los inversionistas de la Financiera del País, S.A.). Si se atacan las empresas saludables, ALPASA, FIPASA y SEPASA, se estarían cerrando la posibilidad de que los accionistas respondan con el capital que les queda. Eso perjudicaría aun más a los mismos afectados por BIB.
En conclusión, los afectados por BIB deben asumir una actitud más serena, que les permita evaluar mejor los riesgos y los costos de la estrategia que pretenden implementar para recuperar sus inversiones. El diálogo y negociación con los accionistas de Bancafé y con la Junta Monetaria son parte de la solución al problema. La confrontación podría llevar a un resultado no deseado donde todos saldrían perdiendo.
No es cierto que está todo perdido. Si Eduardo González está en lo correcto (entrevista en Guatevisión, 7 nov 06), los pasivos del Banco del Café S.A. están respaldados por sus correspondientes activos y el capital aportado por sus accionistas, y si eso no es suficiente están disponibles los recursos del FOPA. Las inversiones de BIB están respaldadas por los valores en custodia en los EEUU y otros activos en Barbados, y si eso no es suficiente, hay rumores sobre la posibilidad de un préstamo que el Gobierno Central ya tiene aprobado con el Banco Mundial y que sería destinado para pagar a los acreedores de BIB.
Referencia bibliográfica:
Kahneman, Daniel y Amos Tversky (1979). “Prospect Theory”, Econometrica 47(2): 263-291.
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