BURBUJAS ESPECULATIVAS: Pienso Como Animal (parte II)

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Econ. Mario A. Cuevas, MSc

La evidencia más profunda contra la racionalidad limitada no proviene de las circunscritas burbujas que se observan ni de los espíritus animales (a la Keynes) de los agentes económicos que, en última instancia, son también productos de un conglomerado de hipótesis subyacentes, muchas veces implícitas, sobre la forma “correcta” de entender la realidad. Una crítica más profunda a los límites de la racionalidad en el ámbito científico proviene de sectores que aducen que es pura arrogancia el pretender delimitar la experiencia humana mediante categorías (ejemplo: la dicotomía racionalidad / irracionalidad empleada por los economistas) resultantes de un contexto puramente contingente y transitorio.
La aplicación de la dicotomía racionalidad / irracionalidad por sí misma asume el uso de un lenguaje común, el respeto a determinadas normas lógicas, reconocimiento de las estructuras de poder en la comunidad científica, y todo un equipaje contextual adicional. La discusión sobre racionalidad e irracionalidad con su pretensión científica no es más que una instancia muy particular del proceso de construcción de “verdad” en las sociedades modernas.
Mientras los modernistas sostenían que existe un método “correcto” (“científico”) para llegar a conocer algo sobre la realidad, el postmodernismo rechaza ese absoluto. Amparados en el pluralismo metodológico (Feyerabend) los posmodernos pueden aducir que hay tanta o tan poca racionalidad como la que queremos ver como observadores. Particularmente, la racionalidad estaría en el ojo del observador – afirmación posmoderna que conmemora el carácter estético de la actividad científica.
En algunas variantes del postmodernismo, la totalidad del conocimiento que en un instante y lugar dados posee un individuo o su colectividad son formas de burbujas, en el sentido de que los supuestos básicos no pueden justificarse completamente mediante argumentos lógico-matemáticos (bastión último de la racionalidad) sino únicamente por “creencias” que anclan la “telaraña” en el sentido de Quine. Las creencias son esenciales para el pensamiento humano en la misma medida que son difíciles de fundamentar por medios “racionales”. No puede haber racionalidad sin fundamentos no racionales en el ámbito epistemológico e independientemente de si hay o no contacto con la realidad profunda (un supuesto ontológico adicional).
La delimitación entre burbujas racionales y no racionales (o al menos el grado de racionalidad de las burbujas económico-financieras) no es más que un caso particular de la añeja discusión sobre la naturaleza de las facultades epistemológicas del ser humano, los factores contextuales que matizan el proceso epistemológico y la naturaleza de la realidad profunda. Además, siguiendo el concepto de que son las “creencias” las que anclan la telaraña del conocimiento humano, puede pensarse que el origen y final de las burbujas se deben más a las fallas de las ineludibles anclas que matizan el proceso epistemológico, antes que a fallas de orden lógico-matemático en la conformación de la telaraña.
Como conclusión puede afirmarse que si el origen y fin de las burbujas representan fallas de algo, es mucho más probable que sean fallas en el aspecto no racional de la telaraña del conocimiento (o sea, fallas en las creencias que matizan los procesos cognitivos del ser humano) que en los procesos lógicos de los individuos. Las burbujas pueden ser racionales, sus causas no necesariamente. Hay burbujas económico-financieras porque los inversionistas son animales, domesticados pero algo ariscos, y es perfectamente racional que ellos anticipen su comportamiento de esa manera… en los mercados, lo más irracional sería pensar que ya no somos animales.

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About Author

Economista y politologo centroamericano, nacido en Guatemala.

1 comentario

  1. Me parece que la discusion, al centrarse en los postulados economicos, queda sumamente simplista. La discusion racionalidad/irracionalidad es mucho mas extensa y compleja de lo que el autor de la nota asume. Me parece, entonces, que ese es el error: pretender entender el comportamiento de las burbujas desde una logica racional dura, tipica de la economia, que presupone obviamente el “homo economicus@.

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