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Gráfica de la Semana, Guatemala, Politica Publica, Sudamérica

Violencia Homicida en Venezuela y otras variables

No Comments 15 abril 2013

por Carlos A. Mendoza, CABI

Guatemala (más de 15 millones de habitantes) y Venezuela (casi 28.5 millones de habitantes) tienen sendas de desarrollo muy distintas. Nuestro PIB per cápita se estima en unos US$5,200 mientras que el de los venezolanos es de US$13,200. Por eso mismo, Venezuela se encuentra en el puesto 71 del Índice de Desarrollo Humano (IDH) y Guatemala en el 133, de un total de 187 países (PNUD, 2013).

En términos de pobreza, utilizando el método de la línea de ingresos, Guatemala tiene 54% de pobres, en contraste con Venezuela que tiene la mitad de esa cifra: 27% (según su propio INE, pero 32% de acuerdo al Banco Mundial, BM). En materia de desigualdad del ingreso el BM reporta 0.56 para Guatemala (2006) y 0.45 para Venezuela (mismo año). De tal manera, que Guatemala es más pobre y más desigual que Venezuela.

Sin embargo, hay una diferencia que increíblemente favorece la evaluación de Guatemala: los niveles de violencia homicida son menores aquí que los registrados en Venezuela. El Observatorio de la Violencia de aquel país reporta tasas entre 69 y 73 homicidios por cada 100 mil habitantes en 2011-12, mientras que el Ministerio de Interior y Justicia afirma que las tasas fueron entre 50 y 56 por 100 mil. En cualquier caso, la violencia venezolana tiene niveles más cercanos a los de Honduras y El Salvador en 2010-11. Su vecino, Colombia, ha descendido a un nivel similar al de Guatemala: unos 34 homicidios por cada 100 mil.

Homicidios venezuela y colombia vs GT 1995_2012

Esta realidad desafía los resultados observados en estudios que intentan explicar la variación internacional en los niveles de violencia homicida. Por ejemplo, en el estudio de Nivette, A. E. (2011), “Cross-national predictions of homicide: a meta-analysis,” Homicide Studies, 15(2), 103-131, se concluyó a partir de 55 investigaciones empíricas que hay una correlación positiva y estadísticamente significativa entre tasas de homicidios y diversas medidas de la desigualdad del ingreso, mientras que se correlaciona negativamente con el IDH (a más desarrollo, menos violencia).

En el caso de Venezuela, para la data disponible (1998-2012), las correlaciones a lo largo del tiempo aparecen significativas pero con signo contario al esperado. Esto se muestra en las siguientes gráficas:

Graph VEN Gini vs THCM 1998_2012

Graph VEN IDH vs THCM 1998_2012

La pobreza, que en los estudios revisado por Nivette puede medirse como mortalidad infantil (correlación positiva) o nivel de protección social (correlación negativa) tampoco sale con el signo esperado, pues a menor pobreza parece haber más violencia en Venezuela.

Graph VEN pobreza vs THCM 1998_2012 

De hecho, cuando se hace el análisis entre unidades geográficas (municipios) en Guatemala, también sale significativo que a mayor pobreza menor violencia homicida, y a mayor IDH mayor violencia. En cambio, a mayor desigualdad sí salen mayores tasas de homicidios. Habría que replicar este ejercicio entre unidades geográficas en Venezuela para ver si se asemejan o no las correlaciones.

correlaciones thcm venezuela

Política Internacional, Sudamérica

Venezuela: un país de institucionalidad improvisada

No Comments 13 enero 2013

por Ángel Álvarez, Universidad Central de Venezuela (*)

Hugo Chávez, producto del estadio actual de la grave enfermedad que le aqueja desde hace al menos dieciocho meses, no asistió a la juramentación que por mandato constitucional es necesaria para asumir la envestidura de Presidente. Nadie en Venezuela, excepción hecha de uno pocos opositores radicales que quedaros aislados y excluidos muy prontamente, discute la legitimidad de su triunfo en unas elecciones que, debe decirse, ganó por amplio margen pero que se realizaron en un contexto de gran inequidad en el acceso a los recursos (dinero del Estado y medios de comunicación), manipulación de los calendarios electorales y evidente parcialización a su favor de la autoridad electoral nacional (el CNE). Muy pocos discuten además que, dado estado de salud, es comprensible la posposición de su toma de posesión.

Lo que si se discute desde la oposición, con tonos de diversa intensidad es: 1) que el pueblo no está plenamente informado del tipo y grado de desarrollo del cáncer que aqueja; 2) por tanto, nadie sabe cuánto tiempo le tomará recuperarse, y 3) el permiso otorgado por la Asamblea Nacional (AN) y convalidado por el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), ambos controlados por el partido de gobierno, es indefinido. Este último punto es crucial.

La constitución prevé dos tipos de ausencia del presidente. La temporal, por noventa días, prorrogables por noventa más; y la absoluta, que ocurre por inhabilitación política, física o mental o por muerte de quien ocupe el cargo presidencial. Para que se de alguno de los supuesto de la ausencia absoluta, en el caso actual que se refiere a su presencia en Cuba por razones médicas, la constitución ordena la formación de una junta médica que remita su evaluación al TSJ para que este decida. El tribunal desechó esta posibilidad. Para que exista vacante relativa bastaría con la evidencia de que no está presente por un lapso prolongado y no realiza actos de gobierno. Ese es justamente el caso: el Presidente Chávez ni siquiera firmó la misiva dirigida a la AN en la se le escusa por no estar presente el 10 de enero, día previsto por la constitución para la juramentación presidencial. No obstante, el criterio del TSJ es que solo el presidente puede solicitar que se considere su vacante temporal. Criterio que la mayoría de la oposición acató, especialmente aquella representada por el candidato a la presidencia Henrique Capriles. Pero el acatamiento no significa falta de crítica. La oposición, incluso la más numerosa y moderada, no sale de su asombro por este criterio del TSJ que puede llevar al absurdo de que el presidente puede estar fuera del país por tiempo indefinido, sin que evidentemente pueda ejercer el cargo, pero la presidencia no está vacante.

En la práctica, como también Capriles ha señalado, la decisión del TSJ se ocupa más de resolver un problema de poder en el partido de gobierno, entre el Vicepresidente Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, Presidente de la AN. Cabello sería el llamado a encargarse provisionalmente del poder si se produjera la vacante absoluta del presidente. Siendo Maduro el candidato al que Chávez dejó designado en caso de que fuese necesario hacer nuevas elecciones (como prevé la constitución en caso de vacante absoluta), el otrora canciller necesita tiempo para cohesionar el partido de gobierno en torno a su figura, realizar alguna gestión que lo muestren como buen gobernante e incluso para darse a conocer. Necesita, en una palabra, hacer campaña fuera de lapso desde la presidencia. No hay que olvidar que el sistema político venezolano es altamente personalista y los votos de Chávez no son de su partido, mientras que los votos opositores son de prácticamente cualquiera que sea candidato de la coalición unitaria (la MUD). Además, si las elecciones fuesen pronto (tal como el estricto apego a la constitución ordenaría) la oposición tendría una sola opción: Henrique Capriles. Si se posponen, las ambiciones emergerán y la MUD se verá obligada a hacer nuevas primarias que podrían ser desgastantes para el candidato que finalmente sea elegido –muy probablemente, de todos modos, Capriles.

Por donde se mire, en consecuencia, la precariedad institucional no es un accidente. Es una opción justificada por razones de continuidad de la revolución chavista.

 

(*) Como siempre, agradecemos al Prof. Álvarez por sus contribuciones a este BLOG para comprender mejor lo que ocurre en la política de Venezuela. CM.

Honduras, Política Internacional, Teoría Política

Honduras, Venezuela y la OEA: la Democracia Populista es una Ecuación Imposible

11 Comments 29 junio 2009

por Angel E. Alvarez, Autor Invitado (*)

Después de un golpe de Estado hay que sumarse al coro que ritualmente rinde culto a la palabra democracia, así se trate de un caso en el que sea eso simplemente, una palabra y no una suma de instituciones. Me sumo: condeno el golpe a Zelaya. Hecho el ritual, pasemos al tema de fondo, adoptando una visión realista que nos permita ir mas allá del culto a las democracias de papel: ¿Por qué el golpe? Continue Reading

Política Internacional, Por País, Sudamérica

¿Fortalecida la democracia en Venezuela?

3 Comments 20 febrero 2009

Por Angel E. Alvarez, Autor Invitado

Algunas lecturas de los resultados, tanto en el país como fuera de él, tanto chavistas como independientes, han visto las más recientes votaciones como un indicio de fortalecimiento de la democracia venezolana. Nada más lejos de la realidad.

Es obvio que la gran mayoría de los votantes y la gran mayoría de los políticos han optado por las votaciones como mecanismo para dirimir las diferencias políticas. Atrás quedaron los tiempos en los que las marchas eran recibidas a tiros y los golpistas infiltrados, o delatores, llevaron al país a la mayor de sus crisis desde los sesentas. El voto, por ahora, le ha ganado a las balas (no a las del hampa, sin embargo).

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Política Internacional, Por País, Sudamérica

Elecciones en Venezuela: ficciones y lecciones (Parte II)

3 Comments 26 noviembre 2008

por Ángel E. Álvarez, autor invitado *
 
Las elecciones también dejan unas buenas lecciones:
 
Primera lección: los venezolanos siguen apostando por la democracia electoral. Por más que le quiten el nombre en la Constitución y en las leyes, y ya casi nadie en la izquierda radical quiera acordarse de ella por su remoto origen burgués, la democracia liberal, la representativa, sigue siendo un instrumento fundamental para el protagonismo popular. Las fórmulas de acción directa, el golpismo, la fantasía de que algún día los “marines“  vengan como a Panamá a llevarse preso al Presidente, o que se enfrentarán a los rusos en la segunda batalla naval de Maracaibo, o que las guerrillas los humillarían, al estilo asimétrico de Vietnam, si se atreviesen… todos esos cuentos no pasan de ser delirios, pesadilla para algunos, dulce sueño para otros, pero delirios al fin. Los venezolanos, sin aspavientos, están buscando y hallando su camino pacífico y electoral para dirimir sus diferencias y reconstruir la democracia. El camino ha sido y será el de la vieja y burguesa (para no decir noble) democracia liberal —sí, lo sé, el término liberal no es políticamente correcto en la América Latina de hoy, pero les digo que eso es sólo una moda y pasará como otras tantas mientras la fórmula liberal perdura. A este respecto, contrasta lo sucedido en Venezuela con los recientes eventos que tristemente ensombrecen las recientes elecciones locales de Nicaragua. Pero aun en la Nicaragua de hoy, la democracia liberal ha prevalido desde la transición. Al final, de nuevo prevalecerá.
 
Segunda lección: los partidos estúpido, los partidos… El dos veces ex-presidente Rafael Caldera, en 1993, le hizo un enorme daño al país (uno en una larga lista): inauguró con éxito electoral la retórica anti-partido en la que cabalgó Chávez por una década —antes de decidirse a construir su monolito al socialismo.  El daño perdura. Muchos todavía creen que la competencia electoral eficiente y, más aún, la democracia, es posible sin partidos. Estas elecciones muestran que, del lado del gobierno, existe un partido —tal vez en ciernes aún, con pocas posibilidades por ahora de ponerle límites al poder unipersonal del líder máximo de cuyo carisma aún depende, pero partido al fin que en el largo plazo se consolidará. Los pequeños aliados, grupos menores, micro-cosmos caudillistas, casi desaparecieron. Lo mismo del lado opuesto. Queda claro que, sin la presencia de partidos fuertes, los opositores no tienen éxito. Donde ganaron es donde los partidos han invertido tiempo y recursos  para construir redes que conecten a los ciudadanos y movilicen a los votantes. No sólo de mass media se vive en política.
 
Tercera: Los disidentes juegan un papel importantísimo en términos políticos. No fueron aplastados como interpreta Chávez.  Perdieron las gobernaciones que controlaban, es cierto, pero además de mostrar que la aparente hegemonía del PSUV y de Chávez no se traduce en completa unanimidad y sumisión —es decir, el chavismo no es una suma de “focas amaestradas” como dicen algunos opositores, sino un fenómeno complejo, con matices internos que desde fuera, torpemente, a veces no se quieren ver. Un simple ejemplo del que la oposición tiene que aprender: con un poco más de confianza y diálogo, y de nuevo partidos fuertes, la oposición extrema, por cierto, representada por un disidente de segunda generación no hubiese impedido el triunfo de los disidentes de tercera generación en Barinas —la primera generación de desafectos, dicho sea de paso, fue la del MAS.
 
Cuarta: Chávez necesita la reelección indefinida y va intentar buscarla, no quepa duda, pese a los resultados numéricamente adversos en regiones claves. La necesita para la continuación de su proyecto, como declara. Pero también por otras razones que no tan evidentes, pero igualmente importantes o más. Una razón es que no se puede permitir la implosión de su movimiento. Chávez ha fallado o no ha querido construir un partido fuerte y autónomo. Por el contrario, su partido está hecho a imagen y semejanza del personalismo político del comandante supremo. Sin Chávez como candidato, la guerra de tendencias y de ambiciones antes de la elección y peor aún después de la derrota, si ocurriese, llevaría a una implosión del chavismo que pondría su futuro en aprietos. Cosa peor sería para ese partido que el caudillo faltara de forma más prolongada. Y eso podría ocurrir y, en ese sentido, la otra (y confesa) preocupación de Chávez es que, de perder la elección, “vayan por él.”  Y probable que vayan. Hay muchas cosas que aclarar, como por ejemplo, para mencionar un par de detalles: primero, que paso en el 11 y, peor, el 13 de abril, en materia de derechos humanos y, segundo, con cuánta transparencia se ha administrado la hacienda pública. En fin, hay gente con cuentas por cobrar y, al menos de que como ha ocurrido en otras transiciones —incluyendo la que Chávez protagonizó en 1999— se produzca un acuerdo previo entre las fuerzas políticas, alguien intentará cobrarlas. Pero mejor que tener que negociar ese acuerdo, lo cual ahora mismo no estaría fácil, Chávez prefiere la prolongación de su mandato para garantizar su propia seguridad. Así que, aún arriesgándose a perderlo, la estrategia dominante en el juego de Chávez es intentar prolongar su permanencia en el cargo.
 
Quinta, y más importante lección: “No fear.” Los venezolanos perdieron el miedo. Pese a las amenazas de tanques en la calle, las armas de motorizados y peatones encapuchados, las listas del pasado que no sé si fueron enterradas o aún se usan, los augurios (que a veces parecen deseos) de violencia y confrontación, los venezolanos no tuvieron miedo y fueron a votar. Por Chávez, contra Chávez, por sus candidatos a gobernador, alcalde o representante ante la legislatura regional, por la razón que quiera usted añadir, la gente fue y votó. Eso amerita más dulce de lechoza.

(*) Ángel E. Álvarez es Director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela.

Política Internacional, Por País, Sudamérica

Elecciones en Venezuela: ficciones y lecciones (Parte I)

2 Comments 25 noviembre 2008

Por Ángel Álvarez, Autor Invitado *

He contemplado el after-match electoral venezolano, “comiendo dulce de lechoza” (nuestra papaya local), postre recomendado y disfrutado por Chávez en su etapa de milagro electoral imbatible. Pese al dulcito, no se me pasa la perplejidad que me producen los análisis de chavistas y opositores. En ambos lados, los análisis están llenos de falacias y, peor aún, mitos, autoengaños o ficciones. Menciono unas pocas a continuación.

Primera ficción: “Ahora nadie puede decir que en Venezuela no hay democracia.” Es dulce, por decir lo menos, que algunos analistas políticos sean tan Schumpeteranos a la hora de evaluar la democracia política. En su concepto de democracia electoral, lo que importa es la democracia ex post, es decir el método aplicado el día de las votaciones y la noche del escrutinio. Las condiciones ex ante, acertadamente puntualizadas por Przeworski, entre otros, no pasan por sus análisis. De pronto se olvidan de la injustísima distribución de los recursos entre los competidores. No consideran que la real hegemonía mediática está en manos del gobierno, y no en las de los dueños de los únicos dos canales privados pro-opositores, vistos exclusivamente por cable (en el caso de RCTV Internacional) y principalmente por cable (en el caso de Globovision). Más aun, se olvidan de las inhabilitaciones administradas por la Contraloría en contra de varios centenares de candidatos mayoritariamente de oposición. También se olvidan de las amenazas proferidas durante la campaña, desde el más alto nivel del gobierno, contra los votantes si osaban votar por quienes preferían: desde tanques en la calle, hasta mengua de recursos constitucionalmente correspondientes a las regiones. En fin, se olvidan que en las elecciones venezolanas más o menos todo el mundo (si nos olvidamos de Leopoldo López y una larga lista de otros aspirantes) tiene el derecho de intentar competir en las elecciones, pero no todo el mundo tiene el mismo derecho de ganar.

Segunda ficción: “El Consejo Nacional Electoral cumplió su papel.” Desde Chávez, pasando por algunas ONGs de reconocido prestigio, así como observadores internacionales y alguno que otro líder opositor, han felicitado al organismo electoral. Si le felicitan por haber organizado las votaciones y los escrutinios, está bien, me sumo. Pero el CNE es mucho más que una tecno-burocracia cuenta votos, al menos en el texto de la ley. Se trata de un poder autónomo, capaz de regir en la materia electoral sin interferencia de otros poderes. Y allí no se lució tanto como el día de las votaciones. Dejando de lado el hecho de que todavía está en deuda por la no entrega de resultados definitivos del referéndum del 2007, hay que afirmar que el CNE actuó con muy poca, si acaso alguna, autonomía a la hora de evaluar las descomunales irregularidades cometidas durante la campaña electoral. Una vez más, el CNE administró eficazmente unas elecciones libres, pero fue incapaz de imponer su poder para garantizar unas elecciones justas

Tercera ficción: “Chávez salió derrotado.” Este es la ficción de muchos opositores. No hay cosa más alejada de la realidad. La oposición retomó valiosos espacios por razones cuantitativas y estratégicas (como Zulia, Miranda, Carabobo o Distrito Capital). El triunfo de la oposición en Táchira no es menos importante, aunque fue por un margen menor del que se produjo cuando los tachirenses rechazaron el proyecto de reforma constitucional con más fuerza que en ningún otro estado del país. Pero esencialmente se trató de recuperación de espacios perdidos tras la debacle electoral regional que siguió a la derrota del referéndum revocatorio y el suicidio colectivo del tristemente célebre paro petrolero. Digámoslo así, los resultados son un reconstituyente para la oposición, pero para nada una pócima para Chávez quien todavía puede intentar una nueva reforma o enmienda para introducir la reelección indefinida o sucesiva —o como usted prefiera llamarla.

Cuarta ficción: “El mapa electoral esta rojo rojito.” Pues si sólo nos fijamos en el número de gobernaciones que controla cada lado (17 los chavistas, 5 los opositores más el Distrito Metropolitano) el mapa se pone rojo chavista. Pero si contamos los votos como deben contarse, la oposición recuperó lugares simbólicamente cruciales (la Alcaldía de Maracaibo, por ejemplo, el Estado Miranda, otro ejemplo, el Estado Táchira —tan golpeado por la narco-guerrilla colombiana, y tan afectado por la incoherente política exterior hacia el vecino y socio comercial más importante para Venezuela en la región). Además, y mucho más importante, la oposición gobierna algunas de las ciudades y estados más poblados, más urbanizados, más industrializados. No se trata, como cree Chávez, de una guerra de pobres contra ricos, sino del viejo cleavage urbano-rural. El reto del chavismo es cómo recuperar espacios entre los votantes de las zonas urbanas que, por más modernos, son generalmente más críticos y menos manipulables. ¿Puede hacerlo sin perder el perfil revolucionario? ¡Tremendo trade-off! No está fácil la misión, mi comandante Chávez. El reto de la oposición es crecer hacia la Venezuela profunda, que se ha puesto casi tan profunda como cuando Rómulo Gallegos escribió Doña Bárbara. ¿Pero, sin recursos y sin ideas? No está menos difícil, mi conciudadano opositor. Así que el color del mapa es un “work in progress.”

Quinta ficción: “La unidad.” El pacto unitario de la oposición no era, no fue y no será un fetiche. Antes de las elecciones dije, cuando me dieron la oportunidad de hablar buenos amigos en sus programas de radio, que la unidad era un instrumento y no un fin en sí mismo. Y como tal, podría ser usado por los partidos de oposición en aquellos lugares (municipios y estados) donde fuese indispensable, pero que en otros podía ocurrir que, sin ella, la oposición podría ganar en algunos municipios tradicionalmente opositores y que aun con ella podría perder en algunos lugares tradicional y fuertemente leales a Chávez. Y así fue. En el estado Bolívar, por ejemplo, con o sin unidad, la oposición perdía —y perdió. En municipios del este de la capital, sin unidad alguna, la oposición ganaba —y ganó en los tres en los que siempre ha ganado aunque hubo unidad sólo en Baruta. El mito de la unidad no puede acabar con la diversidad propia de las fuerzas democráticas. Es curioso que quienes tanto se oponen a lo que llaman el “pensamiento único” atribuido a Chávez les cueste tanto entender que haya disputas, desacuerdos y competencia entre los partidos democráticos.

Sexta, y tal vez la más lamentable de las ficciones: “Chávez nunca va a reconocer una derrota electoral… nunca va a salir con votos.” Ya ha reconocido dos seguidas. Ha hecho lo posible por impedirlas, claro está. Algunas de las cosas que ha hecho son entendibles en el juego electoral y otras son muy reprochables, pero el alarmante y pesimista agüero, tan acariciado por la más recalcitrante ultra-derecha y los aventureros cazadores de puestos surgidos de salidas fáciles a problemas políticos complejos, no se ha cumplido (por ahora, al menos). Amigos del 11A y tecnócratas del paro petrolero: Carmona no era necesario, la “transición larga” de la que hablaban hasta por TV, no era necesaria. Necesaria era la paciencia y el pulso de resistir democráticamente los embates del tifón político y electoral que ha representado Chávez y que, poco a poco, ha ido menguando, encausándose, formando parte del paisaje normal del país.

(*) Ángel Álvarez es Director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela.

EEUU, Política Internacional, Por País, Sudamérica

Chávez, Uribe y Obama: un trío imposible

No Comments 06 noviembre 2008

por Ángel E. Álvarez, autor invitado (*)

Al escribir esta nota leo en la prensa venezolana y la colombiana. La primera refiere el optimismo del gobierno venezolano ante una inminente reunión entre Presidente Electo de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, y el ya tres veces reelecto (y con muchas ganas de permanecer indefinidamente en el Palacio de Miraflores), Hugo Rafael Chávez. La segunda pinta un panorama adverso para la imagen especular de Chávez en la región: el igualmente personalista, altamente popular y poco tolerante a las críticas Álvaro Uribe, de Colombia. Todo anuncia que no será fácil para Obama su relación con Chávez, si es que la inicia, pero tampoco el divorcio de Colombia, si es que lo intenta, pero mucho menos aun el dejar todo como lo dejó Bush.

“Me quiero reunir con el negro” declaró recientemente Chávez, con su característica diplomacia de arrabal. Ya Obama, al comienzo de su carrera por la nominación, había adelantado su deseo de reunirse con algunos de los así llamados por la pintoresca Sarah Palin “enemigos internacionales” de los Estados Unidos—entre ellos, el Presidente venezolano. La cosa no debe haberle gustado a los asesores demócratas para la captura del voto hispano porque, a partir de allí, Obama sólo mencionó a Chávez unas pocas veces y en tono admonitorio. En el último debate, en el que John McCain le recordó sus declaraciones, simplemente rehuyó el tema con una sonrisa. A quien no dejó de mencionar, y sin sonreír por un segundo, fue a Uribe. Respondió que no apoyó el TLC con este otro país andino porque Colombia es sospechoso de violar derechos humanos y sindicales. Uribe también felicitó a Obama, pero no se espera ninguna reunión entre ellos. Recordemos que hace apenas unas semanas, el Presidente colombiano se vio con Bush, en medio de la agria campaña electoral norteamericana. Seguramente se trataba de asuntos de Estado, pero reunirse con el menos popular de todos los presidentes norteamericanos cuando ya termina su mandato no se ve, desde fuera, como muy táctico.

Lo cierto es que a Obama le va a costar evadir la polarización que, en la región, representan Uribe y Chávez. Ya afectó los intereses estratégicos de Uribe con su rechazo al TLC. Y si continúa esa línea, tendrá que dejar de apoyar al Plan Colombia, o la deportación de colombianos a los EEUU, o el apoyo y asesoramiento a la lucha contra el narco-terrorismo y otros grupos violentos. Malo para Uribe y peor ahora cuando el tema de los derechos humanos en Colombia está hoy en día más candente que cuando Obama y los demócratas en general rechazaron el TLC: el hasta hace días glorioso General Mario Montoya ha tenido que renunciar ante las evidentes ejecuciones extra-judiciales de civiles desarmados. Uribe ha respondido airadamente a las acusaciones hechas por Human Rights Watch de flagrantes violaciones de derechos procesales en Colombia; Amnistía Internacional ha hecho lo mismo y recibió igual tratamiento. Pero el record de los derechos humanos en Venezuela no es mejor que el de Colombia. Las mismas dos organizaciones antes mencionadas han cuestionado al gobierno de Chávez y, en curiosa coincidencia de contenido, mas no de forma, el Presidente venezolano no ha ahorrado epítetos a la hora de responderles.

Obama, como todo presidente de los EEUU, necesita por ahora el suministro de petróleo venezolano. Y de Colombia necesita el control de narcotráfico. ¿Sacrificaría Obama lo primero por lo segundo o quizá viceversa? No lo creo, ni una ni otra cosa son negociables. Pero las cosas se le ponen más complejas que a Bush, para quien no era ningún problema apoyar a Uribe—al final, ¿qué era para él eso de violación de derechos humanos en los barrios pobres de Bogotá cuando la tortura es legítima en Guantánamo? Y, además, con todo y las mutuas acusaciones entre Bush y Chávez, el petróleo y los dólares pragmáticamente no dejaron de fluir de un lado al otro.

Obama la tiene más difícil: si es fiel a las posiciones normativas, pactará una “distensión” con Chávez quien, de paso y para la preocupación del Comando Sur y de la OTAN, se acerca cada vez más militarmente a Rusia. También tendría que presionar a Colombia para mejorar el record de derechos humanos. Recuerdo acá las reiteradas “desertificaciones” dadas a Colombia por gobiernos anteriores de los EEUU. Pero la política es pragmática y Obama es un político eficiente, o así parece. Por ahora, entonces, lo más probable es el status quo: sin abrazarse a Uribe le seguirá apoyando, tal vez más calladamente, en la lucha contra el narco-terrorismo, y sin alabar a Chávez (que es lo que el venezolano quisiera de Obama) seguirá tratando de defender lo más calmadamente posible (si Chávez se calma un poco también) los variados intereses de los Estados Unidos en el país petrolero. Una forma de calmar por un rato al comandante sería, por ejemplo, una visita a la Casa Blanca, la cual fue pedida tantas veces a Bush y nunca fue concedida. Pero de nuevo, eso no ayuda con Colombia… No las tiene fácil Obama en esta pequeña y macondiana área del mundo.

(*) Ángel Álvarez es Director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad Central de Venezuela.

Política Internacional, Por País, Sudamérica

Venezuela: Bye Exxon, Welcome FARC

4 Comments 06 marzo 2008

Por Angel E. Alvarez, Autor Invitado * 

En menos de quince días, Venezuela ha sufrido dos grandes embates. El presidente Chávez ya tiene acostumbrado a sus gobernados a saltar del sobresalto al espanto, pero dos recientes eventos han llevado al país al paroxismo: de un lado, un simple desacuerdo en relación al monto a pagar por los activos nacionalizados de la Exxon-Mobile, que ha llevado a la congelación una porción de los recursos financieros de la estatal PDVSA en el exterior, se ha convertido en el primer paso de una guerra antiimperialista. Según Chávez, Venezuela podría suspender el suministro petrolero a los Estados Unidos si los “ataques imperialistas” continúan. De otro lado, el gobierno venezolano ha roto relaciones con el de su vecino más próximo en lo económico, lo cultural y lo histórico: Colombia. La ruptura de relaciones ha sido precedida por una andanada de insultos contra el presidente colombiano, Álvaro Uribe, a quien Chávez ha llamado “mafioso,” “paramilitar,” “asesino” y “lacayo” del imperialismo norteamericano. El anuncio de la ruptura estuvo acompañado de la orden al Ministro de la Defensa de movilizar cerca de 3 mil hombres armados a la frontera.

Aunque desconectados, estos eventos representan, en las febriles mentes de los revolucionarios venezolanos, dos episodios de la “guerra asimétrica” contra el imperialismo y el neoliberalismo. Por supuesto, los revolucionarios no se plantean que ni uno ni el otro acontecimiento son producto de la improvisación, el voluntarismo y el desapego a las normas jurídicas que caracterizan las decisiones de un gobierno que depende de los caprichos del liderazgo personalista de su presidente.

El conflicto con la Exxon no tiene nada que ver con lucha antiimperialista alguna. De hecho, Venezuela negoció con muchas otras trasnacionales acuerdos para retribuir sus inversiones durante la llamada “apertura petrolera.” La mayor parte de estas transnacionales no han dejado de explotar el petróleo venezolano. Casi todas ellas se han convertido en socias del gobierno en empresas mixtas. Más aún, pese a la retórica explosiva y las decisiones contra los activos venezolanos, PDVSA sigue negociando con la Exxon y esta trasnacional sigue refinando petróleo venezolano en Nicaragua y otros países.

Más sorprendente es vincular la reacción de Venezuela al ataque de Colombia a una base de las FARC en Ecuador. Las palabras de Chávez han hecho pensar a algunos que Venezuela teme un ataque a asentamientos guerrilleros en su territorio. Sea como fuera, ¿qué tiene que ver la relación bilateral entre Colombia y Ecuador con la política “imperio” contra Venezuela? Nada, por supuesto. Pero al igual que en caso de la Exxon-Mobile, este otro caso muestra la verdad de lo que pasa en Venezuela: la inexistencia de instituciones y el predominio de la voluntad absoluta y personal de quien aspira a eternizarse en la silla presidencial. Para tales fines, el fantasmagórico imperialismo es siempre un esperpento retórico sumamente útil.

Lo más triste para Chávez, y feliz para Venezuela, es que ya casi nadie oye seriamente sus tambores de guerra. Ni la Exxon, ni Bush, ni el gobierno de Colombia, ni siquiera los venezolanos que lo sufren a diario, toman en serio las emotivas reacciones del paracaidista convertido en Presidente de la república petrolera de Venezuela.

* Profesor de Ciencias Políticas-Universidad Central de Venezuela


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